Durante siglos, Europa extrajo millones de vidas africanas para sostener imperios y economías que aún moldean el orden global. Hoy, el continente admite la magnitud de esa herida, pero cuando la comunidad internacional pregunta quién pagará por ella, la respuesta colectiva es el silencio de la abstención. Solo Países Bajos y la Iglesia Católica han cruzado el umbral de las disculpas formales, mientras el resto navega entre el reconocimiento moral y la evasión jurídica, dejando a 12,5 millones de historias sin reparación.
Europa reconoce la esclavitud africana pero rechaza reparaciones legales
12,5 millones de africanos fueron extraídos de sus territorios para ser esclavizados en América, generando consecuencias de discriminación racial sistémica que persisten en la actualidad.