En un momento en que actores privados como SpaceX redefinen las fronteras del poder tecnológico, Emmanuel Macron convoca a Europa a recuperar su lugar en el cosmos. El llamado no es meramente científico: es una advertencia sobre soberanía, seguridad y el riesgo de depender de fuerzas ajenas para acceder al cielo. Con la meta de una misión tripulada propia para 2035, Europa se enfrenta a la pregunta más antigua de las civilizaciones en declive o ascenso: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para no quedar atrás?