En los pasillos del Parlamento Europeo, la crisis de Ceuta ha revelado algo más profundo que una disputa fronteriza: la incapacidad de Europa para hablar con una sola voz cuando sus propias fracturas políticas internas se proyectan sobre el escenario internacional. Siete propuestas y 84 enmiendas no son solo cifras legislativas, sino el mapa de una Europa que aún no ha resuelto cómo equilibrar la solidaridad con sus ciudades fronterizas, sus relaciones estratégicas con Marruecos y las rivalidades domésticas que sus diputados traen consigo a Bruselas. Mientras la ciudad autónoma espera respaldo