En la frontera que separa dos naciones y dos mundos, agosto dejó un registro inédito: cien drones de cárteles neutralizados por rayos láser del ejército estadounidense, en una danza de coordinación silenciosa con México. Por primera vez, el Pentágono abrió la cortina sobre la escala de esta vigilancia aérea, revelando que la línea fronteriza es hoy también un campo de batalla invisible librado a miles de metros de altura. La tecnología avanza, los acuerdos se profundizan, y la pregunta sobre soberanía, seguridad y destino compartido sigue suspendida en el aire como los propios drones.