En la historia de la medicina, algunos fármacos encuentran su verdadero propósito décadas después de su creación. Investigadores del Instituto Weizmann de Ciencias en Israel han descubierto que el sildenafilo —conocido mundialmente como Viagra— podría interferir con la capacidad de las células cancerosas para acceder al colesterol que necesitan para propagarse, abriendo una posible vía para frenar la metástasis. El hallazgo, respaldado por veinte años de datos de cinco millones de pacientes, no ofrece una cura, sino algo igualmente valioso: una nueva forma de entender un enemigo antiguo.