En el cruce entre el envejecimiento, el sueño y la memoria, investigadores de la Universidad Emory han encontrado una señal prometedora: adultos con deterioro cognitivo leve que consumían dosis elevadas de vitamina D mostraron un rendimiento cognitivo notablemente superior al de quienes no lo hacían. El hallazgo no establece causalidad ni ofrece una cura, pero ilumina una posible ventana de intervención en ese territorio frágil donde la mente comienza a ceder terreno. Como tantos descubrimientos en medicina, este invita a la esperanza con cautela: la ciencia aún debe confirmar lo que los datos