Estudio UNAM revela por qué mujeres tienen menor afectación que hombres en COVID-19

Los hombres presentan mayor mortalidad y morbilidad por COVID-19 en comparación con las mujeres, con tasas significativamente más altas de hospitalización y fallecimiento.
Las mujeres son mejor organismo para reaccionar a enfermedades sistémicas
Hallazgo central del estudio UNAM que explica por qué el COVID-19 afecta más gravemente a los hombres.

El 60% de pacientes hospitalizados por COVID-19 son hombres y el 65% de fallecidos son varones, revelando vulnerabilidad cardiovascular diferenciada por sexo. Las mujeres tienen sistemas fisiológicos más interconectados y adaptables, mientras los hombres tienen sistemas más robustos pero menos flexibles ante enfermedades sistémicas.

  • 60% de hospitalizaciones por COVID-19 son hombres; 65% de fallecidos son varones
  • Estudio de UNAM con 800 participantes sanos de 18 a 27 años midió 30 variables fisiológicas
  • Mujeres tienen sistemas biológicos más interconectados y adaptables; hombres tienen sistemas más robustos pero menos flexibles
  • Investigación colaborativa con Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, Hospital General de México e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición

Investigadores de la UNAM descubrieron que las mujeres tienen mayor resiliencia fisiológica ante enfermedades como COVID-19, con el 60% de hospitalizaciones y 65% de muertes siendo hombres, debido a diferencias en la robustez y adaptabilidad de sus sistemas biológicos.

Hace cinco años, un equipo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México comenzó a hacer una pregunta que parecería obvia pero que nadie había estudiado a fondo: ¿por qué los hombres y las mujeres enfrentan las enfermedades de manera tan distinta? La respuesta llegó con la pandemia. Cuando el COVID-19 comenzó a propagarse, los números fueron contundentes: el 60 por ciento de los pacientes hospitalizados eran hombres, y el 65 por ciento de los fallecidos también eran varones. No era una diferencia menor. Era una brecha que exigía explicación.

Ana Leonor Rivera López, del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM, y Antonio Barajas Martínez, del doctorado en Ciencias Biomédicas, decidieron abordar el problema de manera sistemática. Reunieron a médicos, físicos, matemáticos, químicos y biólogos en un esfuerzo multidisciplinario para entender qué estaba sucediendo a nivel fisiológico. El equipo reclutó a 800 estudiantes y trabajadores sanos de la Facultad de Medicina, todos entre 18 y 27 años, porque es en la edad reproductiva donde las diferencias biológicas entre sexos se manifiestan con mayor claridad.

Lo que hicieron fue extraordinariamente exhaustivo. Midieron 30 variables en cada participante: desde lo obvio —sexo, edad, peso, altura— hasta lo complejo: niveles de triglicéridos, colesterol, glucosa, insulina basal, hemoglobina glucosilada, leucocitos, neutrófilos, linfocitos, y decenas de marcadores más. Luego construyeron redes de correlación, similar a cómo se mapea una red de comunicaciones, pero en este caso rastreando cómo el ritmo cardíaco se relacionaba con la respiración, cómo los triglicéridos se vinculaban con el azúcar en sangre, y cómo todos estos sistemas se comportaban de manera diferente en hombres y mujeres. El trabajo fue publicado en la revista Frontiers in Physiology.

Lo que descubrieron fue fundamental. Los sistemas fisiológicos de hombres y mujeres no son simplemente diferentes en tamaño o en hormonas. Son diferentes en su arquitectura fundamental. Los investigadores identificaron dos propiedades clave: robustez y adaptabilidad. Un sistema robusto es capaz de resistir perturbaciones externas y mantener su funcionamiento. Un sistema adaptable, en cambio, se acomoda y se acopla ante los embates del exterior para ofrecer una respuesta flexible. En los hombres, el balance entre estas dos propiedades favorece la robustez. En las mujeres, favorece la adaptabilidad.

Esto explica por qué una enfermedad como el COVID-19, que ataca múltiples sistemas biológicos simultáneamente, causa más daño en los hombres. Sus cuerpos están diseñados para resistir, no para adaptarse. Si un hombre sufre un problema cardíaco, probablemente sea aislado. Si una mujer sufre un problema cardíaco, es probable que esté conectado con problemas hepáticos u otros sistemas. Las mujeres tienen más comorbilidades potenciales, pero también tienen más caminos alternativos para mantener el equilibrio. Para causar el mismo daño en una mujer que en un hombre, una enfermedad sistémica tendría que romper más enlaces, dañar más sistemas. Las mujeres, en otras palabras, son organismos mejores para reaccionar a enfermedades que atacan todo el cuerpo. Los hombres son mejores para enfrentar una sola enfermedad.

Esta diferencia fundamental tiene implicaciones clínicas inmediatas. Rivera López fue clara al respecto: no debemos medicar a hombres y mujeres de la misma manera. Las dosis, los medicamentos, los tratamientos deben considerar no solo la edad sino también el sexo del paciente. Otro problema que los investigadores señalaron es que la industria farmacéutica ha históricamente enfocado sus estudios en varones, simplemente porque es más fácil —no tienen ciclos menstruales que compliquen los datos—. Pero eso significa que los medicamentos se han desarrollado y probado principalmente en cuerpos masculinos.

El trabajo no termina aquí. Los investigadores planean reevaluar a los participantes en cinco años más para dar seguimiento a largo plazo a su estado de salud. Además, están colaborando con varios institutos: con el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias en un estudio de asma que durará una década, con el Hospital General de México en seguimiento de pacientes con COVID-19 y personal médico de primera línea, y con el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán en pacientes con síndrome metabólico y diabetes mellitus, también durante diez años. Lo que comenzó como una pregunta sobre por qué los números de COVID-19 mostraban una brecha de género se ha convertido en un proyecto de investigación que podría transformar cómo entendemos y tratamos la enfermedad en hombres y mujeres.

No nos deben medicar igual. Las dosis y los medicamentos deben considerar si es hombre, mujer, además de su edad.
— Ana Leonor Rivera López, Centro de Ciencias de la Complejidad, UNAM
Ante el ataque de una enfermedad le va más mal a ellos que a ellas. Las mujeres tienen una mejor esperanza de vida que los hombres, y no es solo por problemas cardiovasculares, sino que es una propiedad que se extiende a la fisiología completa del organismo.
— Antonio Barajas Martínez, doctorado en Ciencias Biomédicas, UNAM
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué tardó tanto en estudiarse algo que parece tan obvio —que hombres y mujeres son fisiológicamente distintos?

Model

Porque la medicina occidental se construyó sobre cuerpos masculinos. Durante décadas, los estudios clínicos se enfocaron en varones porque sus ciclos biológicos son más predecibles. Las mujeres se consideraban una complicación.

Inventor

Pero en este estudio encontraron que las mujeres no son simplemente versiones más pequeñas de hombres. Hay algo más profundo.

Model

Exactamente. No es solo que tengan diferentes hormonas o diferentes órganos reproductivos. Es que sus sistemas biológicos están organizados de manera fundamentalmente distinta. En las mujeres, todo está más conectado. El corazón habla con el hígado, el hígado habla con los riñones. En los hombres, los sistemas son más independientes.

Inventor

¿Eso las hace más fuertes o más débiles?

Model

Depende de qué tipo de amenaza enfrenten. Ante una enfermedad que ataca un solo sistema, los hombres se defienden mejor. Pero ante algo como el COVID-19, que golpea todo a la vez, las mujeres tienen más rutas de escape, más formas de adaptarse y mantener el equilibrio.

Inventor

Entonces el COVID-19 fue, en cierto sentido, la prueba perfecta para demostrar algo que llevaba años sin ser visto.

Model

Sí. Los números no mienten: 60 por ciento de hospitalizados hombres, 65 por ciento de muertos hombres. Eso forzó la pregunta. Y una vez que empezaron a medir, descubrieron que la diferencia no era accidental. Era arquitectónica.

Inventor

¿Qué cambia ahora en la práctica médica?

Model

Todo debería cambiar, pero probablemente no lo hará rápido. Los medicamentos necesitan dosis diferentes según el sexo. Los tratamientos necesitan ser diseñados pensando en cómo cada cuerpo responde. Y los estudios clínicos necesitan incluir mujeres desde el principio, no como un añadido.

Inventor

¿Cuál es el siguiente paso para estos investigadores?

Model

Seguimiento a largo plazo. Quieren ver cómo evolucionan estos cuerpos, cómo responden a diferentes enfermedades, cómo cambian con el tiempo. Están hablando de una década de investigación. Esto no es un hallazgo que se publica y se olvida. Es el comienzo de una reescritura de cómo entendemos la medicina.

Contact Us FAQ