Estudio revela que la Península Ibérica alberga dos especies de conejo, no una

Dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años
Miguel Delibes-Mateos explica por qué es imposible seguir gestionando ambas especies como una sola.

Durante más de un siglo, la ciencia trató al conejo ibérico como una sola especie, pero la naturaleza guardaba una distinción más antigua y profunda. Un equipo del IESA-CSIC ha confirmado que la Península Ibérica alberga dos especies de conejo separadas por casi dos millones de años de evolución independiente, cada una con su propia biología, sus propios parásitos y su propio destino ecológico. El hallazgo no inventa una realidad nueva, sino que ilumina una que siempre estuvo ahí, con consecuencias urgentes para la conservación de uno de los pilares más frágiles del ecosistema mediterráneo.

  • El conejo ibérico lleva décadas en declive mientras la ciencia lo contabilizaba junto al europeo, ocultando la verdadera magnitud de su crisis.
  • Cuarenta especies de depredadores, entre ellas el lince ibérico, dependen del conejo como presa principal, lo que convierte su confusión taxonómica en un riesgo en cadena para todo el ecosistema.
  • La separación evolutiva de dos millones de años entre ambas especies se refleja en diferencias genéticas, morfológicas, reproductivas y hasta en la composición de su microbioma intestinal.
  • Investigadores de España, Portugal y Reino Unido han publicado en Biological Conservation la evidencia concluyente que obliga a replantear décadas de estudios, translocaciones y planes de gestión.
  • El reconocimiento formal de las dos especies abre la puerta a estrategias de conservación específicas, evaluaciones de riesgo independientes y programas de recuperación diseñados para cada una.

Durante más de un siglo, los científicos asumieron que la Península Ibérica albergaba una única especie de conejo. Un estudio internacional liderado por Rafael Villafuerte y Miguel Delibes-Mateos del IESA-CSIC en Córdoba, con colaboradores de España, Portugal y Reino Unido, ha demostrado que esa suposición era incompleta: la región alberga en realidad dos especies distintas, con historias evolutivas completamente separadas.

El conejo ibérico, Oryctolagus algirus, habita de forma natural en Portugal y el oeste de España, mientras que el conejo europeo, Oryctolagus cuniculus, se distribuye por el este peninsular y ha sido introducido en casi todo el mundo. Su divergencia ocurrió hace aproximadamente dos millones de años, cuando quedaron aislados en dos refugios glaciares en extremos opuestos de la península: uno en el valle del Ebro y otro en el Golfo de Cádiz. Desde entonces evolucionaron de manera independiente, acumulando diferencias en tamaño, número de crías, comunidades de parásitos, microbioma intestinal y propiedades de la carne.

Lo que convierte este hallazgo en algo urgente es su dimensión conservacionista. Ambas especies son presa fundamental de hasta cuarenta depredadores emblemáticos, incluido el lince ibérico. Sin embargo, mientras el conejo europeo mantiene poblaciones estables, el ibérico experimenta un declive acusado que ha permanecido enmascarado al evaluarse ambos como si fueran uno solo. Como señala Delibes-Mateos, no es posible gestionar como una única especie a dos linajes que llevan casi dos millones de años evolucionando por separado.

El reconocimiento formal de esta diversidad permitirá reinterpretar investigaciones anteriores y diseñar estrategias de seguimiento, translocación y recuperación adaptadas a cada especie. El estudio, publicado en Biological Conservation y financiado por el Ministerio de Ciencia español, ilustra además un principio más amplio: las llamadas especies crípticas, aquellas que parecen idénticas a simple vista, pueden esconder historias evolutivas independientes que solo la ciencia integrada y multidisciplinar es capaz de revelar.

Durante más de un siglo, los científicos han tratado al conejo de la Península Ibérica como una única especie. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha descubierto que esa creencia era incompleta. La región alberga en realidad dos especies de conejo distintas, cada una con su propia historia evolutiva, características biológicas y situación de conservación. El hallazgo, publicado en la revista Biological Conservation, desafía una suposición fundamental sobre la fauna ibérica y abre nuevas preguntas sobre cómo proteger adecuadamente a estos animales.

El estudio, liderado por Rafael Villafuerte y Miguel Delibes-Mateos del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC) en Córdoba, con colaboradores de España, Portugal y Reino Unido, analiza de manera concluyente las diferencias entre ambas especies. El conejo ibérico, científicamente denominado Oryctolagus algirus, habita de forma natural en Portugal y el oeste de España, aunque también se encuentra en algunas islas atlánticas y el norte de África, donde fue introducido por humanos. El conejo europeo, Oryctolagus cuniculus, se distribuye naturalmente por el este español y ha sido introducido en casi toda Europa, Oceanía, Argentina, Chile e innumerables islas oceánicas. Ambos son originarios de la península, pero sus rangos actuales permanecen separados.

La divergencia entre estas dos especies ocurrió hace aproximadamente dos millones de años, cuando quedaron aisladas en dos refugios glaciares situados en extremos opuestos de la Península Ibérica: uno en el valle del Ebro y otro en el Golfo de Cádiz. Durante ese tiempo, evolucionaron de manera independiente, acumulando diferencias que van mucho más allá de lo que el ojo humano puede detectar a primera vista. El conejo ibérico es más pequeño y pesa menos que su contraparte europea. Produce un menor número de crías por camada. Sus comunidades de parásitos difieren, al igual que la composición de su microbioma intestinal. Incluso las propiedades de su carne varían. A nivel genético, morfológico, ecológico, reproductivo y comportamental, las dos especies muestran características distintivas que revelan historias evolutivas completamente separadas.

Lo que hace este descubrimiento particularmente significativo es su implicación para la conservación. Ambas especies de conejo son fundamentales para los ecosistemas mediterráneos, funcionando como la presa principal de hasta cuarenta especies de depredadores emblemáticos, entre ellos el lince ibérico. Sin embargo, sus situaciones actuales son radicalmente diferentes. Mientras que el conejo europeo mantiene poblaciones estables e incluso crecientes en determinadas zonas, el conejo ibérico experimenta un declive acusado en gran parte de su territorio. Durante más de un siglo, los científicos han evaluado a ambas especies como si fueran una sola, lo que ha enmascarado la verdadera situación de la especie más amenazada y ha impedido la adopción de medidas de conservación específicas y efectivas.

Delibes-Mateos subraya que no es posible continuar gestionando como una única especie a dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años. El reconocimiento formal de esta diversidad no cambia la realidad, sino que la describe con mayor precisión. Según Villafuerte, las dos especies siempre han estado ahí; lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas. Este nuevo entendimiento permitirá reinterpretar numerosos resultados obtenidos en investigaciones anteriores y diseñar estrategias de gestión y conservación más eficaces para cada especie de forma individual.

Las implicaciones prácticas son amplias. Reconocer esta diversidad mejorará los programas de seguimiento poblacional, las evaluaciones del estado de conservación, las translocaciones de individuos, la planificación cinegética y las estrategias de recuperación. Evitará la extrapolación incorrecta de resultados obtenidos para una especie a la otra. El estudio ilustra un principio más amplio sobre cómo avanza la ciencia: organismos que parecen prácticamente idénticos, denominados especies crípticas, pueden esconder historias evolutivas independientes que solo se descubren a través de investigaciones integradas que combinan múltiples disciplinas. Este trabajo ha contado con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades de España a través de dos proyectos de investigación específicos, reflejando el reconocimiento institucional de su importancia.

Las dos especies siempre han estado ahí, pero lo que ha cambiado es nuestro conocimiento sobre ellas
— Rafael Villafuerte, IESA-CSIC
No se puede seguir gestionando como una sola especie dos conejos que han evolucionado por separado durante casi dos millones de años
— Miguel Delibes-Mateos, IESA-CSIC
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Cómo es posible que durante más de cien años nadie se diera cuenta de que había dos especies distintas?

Model

Porque a simple vista son prácticamente idénticos. Necesitamos análisis genéticos, estudios de comportamiento, examen de parásitos, composición del microbioma. Eso no era posible hace un siglo.

Inventor

Pero si divergieron hace dos millones de años, ¿no debería haber diferencias obvias?

Model

Las hay, pero son sutiles. El ibérico es más pequeño, produce menos crías. Pero esas diferencias solo se ven claramente cuando las buscas con intención, cuando tienes las herramientas para medirlas.

Inventor

¿Y por qué importa tanto para la conservación?

Model

Porque el conejo ibérico está en declive mientras el europeo está estable. Si los tratas como uno solo, no ves el verdadero problema. Podrías tomar decisiones que funcionan para una especie pero dañan a la otra.

Inventor

¿Qué sucede ahora con el lince ibérico, que depende de estos conejos?

Model

Eso es crucial. El lince come ambas especies, pero si el ibérico desaparece de una región, necesitamos saber exactamente qué está pasando con esa población específica. No podemos seguir usando datos mezclados.

Inventor

¿Esto cambia algo en la realidad del bosque?

Model

No. Los conejos siguen siendo los mismos animales que eran ayer. Lo que cambia es nuestra capacidad de entenderlos y protegerlos correctamente.

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