En el cruce entre la promesa tecnológica y la realidad atmosférica, un estudio de Transport & Environment revela que los vehículos híbridos enchufables vendidos en Europa emiten en condiciones reales seis veces más CO2 del que declaran sus fichas oficiales. Lo que se comercializa como solución ecológica resulta ser, en la práctica, casi tan contaminante como un automóvil de gasolina convencional. La brecha entre la etiqueta y la verdad no es solo técnica: es una pregunta sobre quién define los límites de lo que llamamos limpio, y quién se beneficia de esa definición.