Durante millones de años, el Tyrannosaurus rex fue imaginado como una criatura lenta y fría, prisionera de la temperatura del mundo que la rodeaba. Un nuevo análisis químico de sus dientes fósiles, realizado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y publicado en Science Advances, revela que este depredador mantenía una temperatura corporal de 36.3 grados centígrados, comparable a la de los mamíferos modernos. El hallazgo no solo reescribe el retrato de uno de los animales más icónicos de la historia natural, sino que tiende un puente más firme entre los dinosaurios ex