En los pliegues silenciosos del cuerpo joven, las rodillas ya guardan memoria de cómo vivimos: investigadores finlandeses han revelado que alteraciones estructurales en el cartílago y el hueso aparecen desde los 33 años, a menudo sin dolor ni aviso. Este hallazgo, publicado en Osteoarthritis and Cartilage, desplaza la artrosis del territorio exclusivo de la vejez hacia el presente cotidiano, recordándonos que el peso que cargamos —literal y metafórico— deja huella mucho antes de lo que creíamos.