Durante dos milenios, la frase 'todos los caminos llevan a Roma' ha funcionado como metáfora del poder centralizado y como supuesta verdad histórica. Un nuevo análisis de 300.000 kilómetros de carreteras imperiales romanas revela, sin embargo, que la red viaria era sorprendentemente descentralizada: otras ciudades estaban mejor conectadas entre sí que con la propia capital. Este hallazgo no borra a Roma del mapa del poder, pero sí nos invita a repensar el Imperio como un organismo más plural y adaptable de lo que la tradición ha querido reconocer.