En los laboratorios de UC Berkeley, un fármaco nacido para tratar la obesidad ha revelado una dimensión inesperada: la semaglutida parece capaz de intervenir en los mecanismos más profundos del envejecimiento. Ratones tratados vivieron cien días más, con mejor memoria, músculo y metabolismo que sus pares sin tratamiento, superando incluso los efectos de la restricción calórica. La ciencia se encuentra ante la posibilidad de que una herramienta ya en manos de millones de personas guarde, todavía, secretos más grandes que los que motivaron su creación.