En el corazón del debate educativo español, diez adolescentes han tomado la palabra para recordar que detrás de cada cifra del informe PISA hay una experiencia humana que los rankings no capturan. Reconocen sus propias distracciones, pero señalan que el sistema que los evalúa rara vez los escucha. Su mensaje es antiguo y urgente a la vez: no se puede reformar lo que no se comprende desde adentro.