En los márgenes de las obras chilenas, donde el plumavit se acumula sin destino claro, un grupo de estudiantes de la PUCV encontró no un problema sino una pregunta: ¿qué ocurre cuando la basura de una industria se convierte en el material que otra necesita? Su proyecto Kimova propone transformar ese residuo voluminoso en fragüe técnico, combinándolo con caucho y polvo de hormigón para responder a las exigencias sísmicas e hídricas de un país que tiembla y se humedece. Es la vieja intuición de la alquimia aplicada a la ingeniería contemporánea: que lo inútil, bien comprendido, puede volverse es