En las noches en que el fútbol se convierte en destino, Estudiantes de La Plata escribió en San Pablo otro capítulo de su historia continental. Con un gol de cabeza a tres minutos del final y un penal fallado por el rival en el último suspiro, el Pincha se clasificó a las semifinales de la Copa Libertadores, repitiendo el extraño don de ganar lejos de casa cuando más importa. Diecisiete años después de su última consagración, el equipo platense vuelve a asomarse al umbral de la gloria.