Con el lanzamiento de iOS 27, Apple traza una nueva frontera entre el pasado y el futuro de sus dispositivos: los iPhones anteriores al modelo 11 quedarán excluidos de la actualización, no por decisión arbitraria, sino porque la inteligencia artificial que impulsa este sistema operativo exige una arquitectura de hardware que esos chips simplemente no poseen. Es una tensión tan antigua como la tecnología misma —el progreso que avanza y los objetos que se quedan atrás— y que esta vez afecta a millones de usuarios en todo el mundo. La pregunta que enfrentan no es solo técnica, sino también económ