En un momento en que la humanidad ha duplicado su expectativa de vida sin garantizar la calidad de esos años ganados, el neurólogo Conrado Estol recuerda que envejecer bien no es cuestión de suerte ni de genética exclusiva, sino de decisiones que se toman décadas antes de que el declive se haga visible. Su mensaje central es antiguo en su sabiduría y urgente en su contexto: el cuerpo y el cerebro se construyen o se erosionan cada día, desde la infancia hasta la vejez, y la medicina solo puede acompañar lo que el individuo ya eligió cultivar.