A tres meses de las elecciones de mitad de mandato, Estados Unidos entra en una campaña que pondrá a prueba no solo el equilibrio de poder en el Congreso, sino la cohesión de ambos partidos y la salud misma de su democracia. Donald Trump ha convertido cada acto de gobierno en un mitin, mientras los demócratas, favorecidos en las encuestas, cargan con sus propias tensiones internas. En el fondo, esta contienda no es solo sobre escaños: es sobre qué versión de América prevalecerá en un país profundamente dividido.