En el corazón de Bruselas, la vieja tensión entre solidaridad y austeridad vuelve a definir el horizonte europeo. España propone un sistema de repago de deuda común más predecible y proporcional a la riqueza de cada nación, mientras Alemania y los países frugales exigen contención del gasto y rechazan la fórmula española. Lo que parece una disputa técnica sobre cifras es, en el fondo, una pregunta filosófica sin resolver: ¿qué clase de unión quiere ser Europa, y quién está dispuesto a pagar por ella?