En una isla donde los cortes eléctricos y la escasez de combustible han redefinido la vida cotidiana, un emprendedor habanero ha tendido un puente entre el sol y el movimiento: su estación de carga fotovoltaica, capaz de abastecer hasta cincuenta motocicletas eléctricas al día, encarna la búsqueda humana de autonomía frente a sistemas frágiles. La 'solinera' de Eduardo León no es solo infraestructura; es una respuesta práctica a la pregunta de cómo sostener la movilidad cuando las certezas del siglo XX —el combustible barato, la red eléctrica confiable— ya no pueden darse por sentadas.