Karoline Leavitt, la portavoz más joven en la historia de la Casa Blanca, ha renunciado voluntariamente a uno de los cargos más visibles del poder político estadounidense para estar presente en la vida cotidiana de sus hijos pequeños. Su decisión no es solo personal: refleja una tensión más amplia y generacional sobre qué significa prosperar, cuando el ascenso ya no garantiza plenitud. En un momento en que el bienestar, la autonomía y la coherencia con los propios valores compiten abiertamente con el estatus y el salario, su salida invita a preguntarse si el verdadero éxito consiste, a veces,