Con el paso de los años, el sueño se transforma en algo más delicado, y el cuerpo comienza a reclamar sus propios ritmos. Los especialistas en salud del sueño señalan que, después de los sesenta, despertarse entre las seis y las siete y media de la mañana no es una señal de vejez sino una oportunidad de alinearse con el reloj biológico que nos gobierna desde siempre. La ciencia respalda que sostener entre siete y ocho horas de descanso nocturno protege el corazón, la mente y el ánimo en una etapa de la vida donde esa protección vale más que nunca.