En un mundo donde el Estrecho de Ormuz sigue siendo una arteria frágil del comercio energético global, España se enfrenta a una verdad incómoda: su estabilidad de precios depende, en parte, de decisiones que se toman a miles de kilómetros de sus fronteras. Un estudio reciente ha puesto cifras a esa vulnerabilidad —0,27 puntos de inflación por cada 10% de alza en petróleo y gas— y ha señalado, con claridad poco habitual en el análisis económico, que la respuesta no está en los mercados internacionales sino en los tejados y campos de aerogeneradores del propio país. La transición renovable españ