España tiene potencia aérea contra incendios, pero Aragón y Extremadura carecen de efectivos terrestres

Bomberos forestales trabajan en condiciones de precariedad extrema con jornadas de 20-22 horas, carencias de alimentación y falta de personal que compromete su seguridad y bienestar.
Los medios aéreos pierden casi toda su funcionalidad sin gente abajo
Un experto en extinción explica por qué más aviones no resuelven el problema fundamental de los incendios forestales.
Mark

¿Por qué Aragón y Extremadura están tan rezagadas si España tiene tanta capacidad aérea?

Mimi

Porque la capacidad aérea no se distribuye equitativamente. Cada región gestiona sus propios medios, y algunas simplemente no han invertido lo suficiente en personal y equipamiento terrestre. Aragón tiene solo nueve aeronaves para toda su superficie forestal.

Mark

Pero si hay militares de la UME y recursos del Ministerio, ¿no debería eso compensar?

Mimi

En teoría sí. Pero según los bomberos como Toni Albiol, se está abusando de esos recursos. Se suben artificialmente los niveles de alerta para activar la UME automáticamente, en lugar de invertir en capacidad local sostenible.

Mark

¿Entonces el problema es dinero?

Mimi

No solo dinero. Es también estructura. Algunos servicios son públicos, otros privados, otros mixtos. No hay criterio común ni continuidad laboral. Los bomberos trabajan jornadas de veinte horas sin comida adecuada. Eso no se arregla con más Canadair.

Mark

¿Qué pasaría si España tuviera el doble de aeronaves?

Mimi

Probablemente lo mismo. Un experto lo dijo bien: los medios aéreos reducen la intensidad del fuego para que entre la gente desde tierra. Si no hay gente abajo, el avión pierde casi toda su funcionalidad. El fuego se apaga en el terreno, no en el aire.

Mark

¿Cuál es la solución entonces?

Mimi

Gestión forestal, prevención, detección temprana, formación mejor de los bomberos, cumplimiento de leyes existentes sobre protección civil en municipios vulnerables. Y reconocer que el cambio climático está creando incendios que ningún dispositivo puede resolver solo con máquinas.

Mark

¿Hay alguna región que lo esté haciendo bien?

Mimi

Andalucía tiene condiciones de trabajo años luz por delante de otras, aunque sigue sin cubrir todas sus plazas. Pero incluso allí, los bomberos dicen que el sistema está estancado en mejoras. Nadie está realmente preparado para lo que viene.

  • Aragón y Extremadura cierran la clasificación nacional en proporción de efectivos y aeronaves por hectárea forestal, mientras sus bomberos alargan turnos hasta veintidós horas y dependen de los vecinos de los pueblos para alimentarse.
  • España posee 295 aeronaves de extinción —más que Italia, Portugal y Francia juntos—, pero esa potencia aérea pierde casi toda su utilidad si no hay personal suficiente en tierra para aprovecharla.
  • La falta de un criterio común entre comunidades hace imposible comparar cifras reales: unas cuentan solo bomberos operativos, otras incluyen logística y administrativos, y las estructuras van de lo público a lo privado sin coherencia.
  • Castilla y León, con 5,1 millones de hectáreas forestales —la mayor extensión del país—, carece de medios proporcionales, mientras comunidades mucho más pequeñas como Murcia o La Rioja presentan mejor dotación relativa.
  • Los expertos advierten que más Canadair no apagará los incendios del futuro: sin gestión forestal, prevención, formación continua y cumplimiento de la legislación vigente, el sistema seguirá siendo frágil donde más importa.

España despliega sobre sus bosques una flota aérea sin igual en Europa, y sin embargo, cuando el fuego toca tierra, la respuesta depende menos de la tecnología que de cuántas personas hay abajo con una manguera. Un análisis de El País durante el verano de 2026 revela que la capacidad de extinción varía profundamente entre comunidades autónomas, dejando a Aragón y Extremadura con los recursos terrestres más escasos en proporción a su superficie forestal. La paradoja es antigua: la grandeza de los medios visibles no garantiza la solidez de los cimientos invisibles, y en este caso, esos cimientos son los bomberos forestales que trabajan jornadas de veintidós horas sin poder comer.

España tiene en el aire una de las mayores flotas antiincendios de Europa: 295 aeronaves, más que Italia, Portugal y Francia combinados. Pero cuando la mirada baja al terreno, el panorama se fractura. Un inventario elaborado por El País en el verano de 2026 muestra disparidades profundas entre comunidades autónomas, con Aragón y Extremadura a la cola en proporción de efectivos por hectárea forestal.

Toni Albiol, bombero forestal en Aragón y delegado sindical en Sarga, describe una realidad caótica durante los incendios de junio: turnos de veinte o veintidós horas, avituallamiento que no llega, y una dependencia creciente de la Unidad Militar de Emergencias activada mediante niveles de alerta que, según él, se elevan artificialmente. Los bomberos llegaron a depender de las neveras de los vecinos para poder seguir trabajando.

Los números confirman la desigualdad. Madrid y Canarias lideran en personal por hectárea; Aragón y Extremadura cierran la lista. Castilla y León, con 5,1 millones de hectáreas forestales —la mayor extensión del país—, no cuenta con medios proporcionales. La comparación entre regiones es además difícil: no existe un criterio común para contabilizar efectivos ni una estructura homogénea de servicios.

Javier García, bombero de élite en una BRIF del Ministerio, señala que en algunas comunidades los dispositivos son potentes y bien remunerados, mientras en otras faltan personas, salarios dignos, formación y continuidad laboral durante todo el año. Raúl Mena, en Andalucía, reconoce que su comunidad está años por delante de otras, pero advierte que sus 3.615 plazas tampoco están del todo cubiertas, no por falta de presupuesto sino por trabas administrativas.

En los primeros ocho meses de 2026, el 95,5 por ciento de los incendios fue controlado antes de convertirse en catástrofe. Pero basta uno solo que se escape para que sea imparable. Ferrán Dalmau, asesor en extinción, lo resume con claridad: los medios aéreos no apagan incendios, solo reducen su intensidad para que entre la gente desde tierra. Sin esa gente, el avión no sirve de nada. La solución, coinciden todos, pasa por gestión forestal, prevención, mejor formación, coordinación entre regiones y cumplimiento de leyes que ya existen. El sistema tiene potencia en el aire, pero le falta tierra firme bajo los pies.

España tiene en el aire una de las mayores máquinas contra el fuego de Europa. Contando solo aviones y helicópteros, posee más medios aéreos de extinción que Italia, Portugal y Francia combinados. Pero cuando se mira hacia el terreno, cuando se pregunta quién está abajo enfrentándose a las llamas con una manguera y un uniforme chamuscado, el panorama se quiebra. Un inventario realizado por El País durante el verano de 2026 muestra que la capacidad de respuesta varía dramáticamente de una región a otra, dejando a Aragón y Extremadura en los últimos puestos en proporción de efectivos por hectárea forestal.

Toni Albiol es bombero forestal en Aragón, conductor de autobomba y delegado de CC OO en Sarga, la empresa pública que gestiona la extinción en la región. En junio pasado, cuando los incendios comenzaron a multiplicarse, su realidad se convirtió en caótica. Los turnos se estiraban hasta veinte, veintidós horas. No había tiempo para comer adecuadamente; el avituallamiento no llegaba como debería. "Tenemos problemas hasta para comer", dice. Los bomberos dependían de la generosidad de los vecinos, de las neveras de la gente en los pueblos, para poder seguir trabajando. Albiol sostiene que se está abusando del sistema, que se elevan artificialmente los niveles de alerta para activar automáticamente a la Unidad Militar de Emergencias, que se explotan los recursos del Ministerio para la Transición Ecológica más allá de lo razonable.

Los números revelan la desigualdad. Cuando se calcula la proporción de personal de extinción por hectárea forestal, Madrid y Canarias encabezan la lista. Aragón y Extremadura cierran la marcha. En cuanto a aeronaves propias, Baleares y Canarias tienen la mejor dotación relativa; Aragón y La Rioja, la peor. Cataluña cuenta con 2.883 bomberos profesionales más 1.395 voluntarios equipados. Andalucía suma 3.615 puestos, aunque esta cifra incluye logística, vigilancia, emisoristas y personal administrativo. Castilla y León reporta 4.740 "profesionales dedicados a la extinción" sin mayor desglose. No hay criterio común. Tampoco lo hay en la estructura: algunas regiones tienen servicios públicos, otras empresas públicas, otras privadas, otras sistemas mixtos.

Javier García, bombero forestal en una BRIF —una de las unidades de élite del Ministerio— y representante de UGT, observa que en algunas comunidades los dispositivos son potentes y bien remunerados, acordes a la realidad. En otras, faltan personas, faltan salarios dignos, falta formación, y lo que es peor, falta continuidad laboral durante todo el año. Señala a Aragón, Extremadura y Castilla y León como territorios donde los recursos son insuficientes. Castilla y León es especialmente crítica: es el territorio forestal más extenso del país, con 5,1 millones de hectáreas, pero no cuenta con medios proporcionales. En contraste, Murcia tiene solo 508.243 hectáreas, La Rioja 308.865.

En total, las comunidades autónomas despliegan 239 aeronaves: diecisiete aviones anfibios, treinta y seis aviones, ciento ochenta y seis helicópteros. El Ministerio suma cincuenta y seis más, incluyendo diez Canadair FOCA, los aviones anfibios que pueden descargar seis mil litros de agua. España alcanza así 295 aeronaves. Italia tiene 104, Portugal 81, Francia 67. Pero Ferrán Dalmau, director de la consultora ambiental Medi XXI GSA y asesor en extinción que intervino en la emergencia de Madrid en julio, advierte contra la simplificación. "Los medios aéreos no apagan incendios, reducen la intensidad del fuego para que entre la gente desde tierra. Pero si no hay gente abajo, el medio aéreo pierde casi toda su funcionalidad." Ojalá fuera tan sencillo como tener más Canadair, dice. Los problemas son complejos.

En los primeros ocho meses de 2026, España registró 6.330 sucesos de fuego en superficie forestal. El 65,7 por ciento fue apagado antes de convertirse en conato. Solo el 0,5 por ciento acabó en grandes incendios de más de quinientas hectáreas. La maquinaria funciona con eficacia del 95,5 por ciento. Pero basta que se escape uno solo para que se vuelva imparable. Raúl Mena, bombero forestal en Andalucía y representante de CC OO, subraya que aunque su comunidad tiene condiciones de trabajo años luz por delante de otras, las 3.615 plazas no están totalmente cubiertas. No es un problema de presupuesto, sino de complicaciones administrativas en la contratación pública.

Los expertos coinciden en que más medios aéreos no resolverán el problema sin actuar sobre el territorio mismo. Dalmau es claro: "¿Hay comunidades donde hacen falta más recursos? Sí. ¿Vamos a apagar estos incendios actuales con más medios? No." Lo esencial es gestionar las masas forestales, mejorar la coordinación entre regiones, invertir en prevención y detección, cumplir la legislación ya existente sobre planes de autoprotección en municipios vulnerables, y formar mejor a los bomberos. García, de la BRIF del Puerto del Pico, insiste en cuatro factores: frenar el abandono rural y aumentar la gestión forestal; invertir más en prevención, detección y extinción; cumplir las leyes vigentes; y reconocer la crisis climática. "Por mucho que se cuestione el cambio climático, es como discutir que la Tierra es redonda." El sistema tiene potencia aérea, pero le falta tierra firme bajo los pies.

Tenemos problemas hasta para comer, pues no nos llega bien el avituallamiento
— Toni Albiol, bombero forestal en Aragón
Los medios aéreos no apagan incendios, reducen la intensidad del fuego para que entre la gente desde tierra. Pero si no hay gente abajo, el medio aéreo pierde casi toda su funcionalidad
— Ferrán Dalmau, asesor en extinción
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