En el preciso momento en que el calendario proclama la llegada del otoño, España se enfrenta a un calor que desafía la lógica estacional: la AEMET prevé hasta 38 grados el 22 de septiembre, diez por encima de lo habitual. El llamado veranillo de San Miguel, fenómeno conocido pero nunca tan extremo, convierte el umbral del otoño en una prolongación del verano. Esta anomalía no es solo una curiosidad meteorológica, sino un espejo en el que se refleja la transformación silenciosa de los ciclos climáticos que durante siglos ordenaron la vida en la península.