En el silencio entre una comida y la siguiente, el cuerpo mayor lleva una cuenta que la ciencia apenas comienza a descifrar. Investigadores del Instituto Karolinska han seguido durante quince años a casi tres mil personas en Estocolmo, descubriendo que quienes dejan pasar entre 14 y 24 horas sin comer acumulan enfermedades crónicas a un ritmo notablemente más acelerado, efecto que se agudiza pasados los 78 años. El hallazgo no condena el ayuno, pero sí invita a reconsiderar con qué ligereza se trasladan a la vejez hábitos alimenticios pensados para otros momentos de la vida.