Escuadras fascistas se camuflan en Valencia bajo una ONG para patrullar barrios con inmigrantes

Las patrullas se dirigen específicamente a barrios con población inmigrante marroquí y argelina, generando discriminación y vigilancia selectiva basada en origen nacional.
Siempre estoy al borde de lo que se puede hacer
Roberto reconoce su estrategia de operar en los límites legales mientras mantiene su ideología fascista explícita.
Mark

¿Por qué una ONG? ¿Por qué no simplemente decir que es España 2000 quien patrulla?

Mimi

Porque una ONG tiene legitimidad legal. Puede recibir fondos, registrarse como entidad de asistencia social, operar en espacios públicos. Un partido fascista sin representación no tiene esa cobertura. La ONG es el disfraz que permite que la ideología se mueva sin ser detenida.

Mark

¿Y la policía sabe quién está detrás?

Mimi

Roberto dice que reportarán sus movimientos a las autoridades. Pero reportar no es lo mismo que ser autorizado. La pregunta real es si la policía puede o quiere detenerlo. Tiene un exinspector jefe en su equipo. Eso no es casualidad.

Mark

¿Qué hace que esto sea discriminación y no solo vigilancia comunitaria?

Mimi

La selectividad. No patrullan todos los barrios. Patrullan donde hay marroquíes y argelinos, según sus propias palabras. Eso no es seguridad. Es vigilancia basada en origen nacional.

Mark

¿Cómo obtiene contratos públicos si su ideología es tan explícita?

Mimi

Porque la mayoría de sus empresas no están a su nombre. Es un secreto bien guardado. Y los contratos vienen de instituciones que quizá no saben quién está realmente detrás, o no les importa.

Mark

¿Qué lo detiene de ir más lejos?

Mimi

Su propio cálculo. Sabe que está al borde de lo legal. Ha recibido un sobre bomba. Conoce el riesgo. Así que mide cada palabra, cada acción. Pero eso también significa que seguirá empujando ese borde.

  • Grupos de seis personas uniformadas comenzarán a patrullar La Malvarrosa presentándose como voluntarios de seguridad, ocultando su filiación con un partido fascista.
  • El líder Roberto Navarro admite sin rodeos que las patrullas se concentrarán en zonas con mayor presencia de inmigrantes marroquíes y argelinos, a quienes señala directamente como fuente de problemas.
  • La operación suma a un exinspector jefe de la Policía Nacional destituido por vincular inmigración y delincuencia, convirtiendo la iniciativa en un engranaje entre partido, ONG y empresa privada de seguridad.
  • Roberto ha captado 900.000 euros en contratos públicos en nueve años y organiza talleres de defensa personal con técnicas de estrangulamiento a los que asisten funcionarios en activo.
  • Las autoridades enfrentan el dilema de intervenir contra grupos que operan dentro de los márgenes legales pero con una ideología abiertamente fascista y una estrategia calculada para no cruzar la línea de la sanción.

En Valencia, una ciudad que aún carga con las cicatrices de su historia, un partido fascista sin representación parlamentaria ha encontrado la manera de proyectar poder en las calles bajo el manto de la asistencia ciudadana. España 2000, liderado por el empresario José Luis Roberto Navarro, desplegará patrullas uniformadas en barrios de mayoría inmigrante, amparadas en una ONG registrada legalmente pero orientadas por una ideología que no se oculta. Es la vieja tensión entre lo que la ley permite y lo que la democracia puede tolerar, encarnada esta vez en silbatos, camisetas negras y un busto de Franco.

En las próximas semanas, grupos uniformados de negro comenzarán a recorrer La Malvarrosa, un barrio marítimo de Valencia, presentándose como Ángeles de la Noche. Detrás de ellos está España 2000, un partido fascista de 2.500 militantes sin escaños, operando a través de una ONG registrada como entidad de asistencia social desde 2010.

José Luis Roberto Navarro, abogado de 72 años y empresario de seguridad privada, no niega nada cuando se le pregunta. Reconoce que los patrulleros son en su mayoría militantes de su partido, que están entrenados en artes marciales, y que actuarán en las zonas con más inmigrantes. Desde su despacho, decorado con un busto de Franco y retratos de figuras del fascismo español, explica la operación con la calma de quien ha medido cada paso. Los marroquíes y argelinos crean problemas, dice. No es una patrulla de seguridad general: es vigilancia selectiva por composición demográfica.

Roberto ha incorporado a Ricardo Ferris, exinspector jefe de la Policía Nacional destituido por Interior tras vincular inmigración y delincuencia en un acto de Vox. Ferris supervisará las patrullas y es socio de una filial de la empresa de Roberto en el extranjero. La ONG, el partido y una asociación llamada La Resistencia funcionan como un mismo engranaje desde un cuartel cerca del barrio objetivo.

No es la primera vez que Roberto usa la asistencia social como fachada. Hace catorce años, la misma ONG repartía comida exclusivamente a españoles, siguiendo el modelo de los neonazis griegos de Amanecer Dorado, hasta que El País lo reveló y el Banco de Alimentos cortó el suministro. Hoy organiza talleres de defensa personal contra los enemigos de España, con técnicas de estrangulamiento en el programa, a los que acuden funcionarios en activo.

Su entramado empresarial, que prefiere mantener fuera de su nombre en los registros, le ha generado 900.000 euros en contratos públicos en nueve años, provenientes de organismos del Estado. La estrategia es clara: evitar que gobiernos de izquierda puedan vetarlo. Siempre estoy al borde de lo que se puede hacer, confiesa. Las patrullas están a punto de comenzar, y las autoridades aún no han encontrado cómo detener lo que es legal en su forma pero fascista en su fondo.

En las próximas semanas, grupos de seis personas uniformadas con camisetas y gorras negras comenzarán a recorrer las calles de La Malvarrosa, un barrio marítimo de Valencia con 13.000 habitantes. Se presentarán como Ángeles de la noche, una organización ciudadana preocupada por la inseguridad. Lo que no dirán es que detrás de ellos está España 2000, un partido fascista de 2.500 militantes sin representación parlamentaria, operando a través de una ONG registrada como entidad de asistencia social desde 2010.

José Luis Roberto Navarro, abogado de 72 años y empresario de seguridad privada, es el arquitecto de esta iniciativa. Cuando se le pregunta directamente, no lo niega. Admite que las patrullas son suyas, que sus miembros son en su mayoría militantes de España 2000, y que están entrenados en artes marciales. Sostiene que todo es legal, que reportarán sus movimientos a las autoridades, que su propósito es colaborar con la policía en lo que él llama sitios calientes. En su despacho en el corazón de Valencia, rodeado de un busto de Francisco Franco, una fotografía de un exgeneral de la Guardia Civil condenado por crímenes de los GAL, y un retrato de Ramiro Ledesma Ramos, fundador de las JONS, Roberto explica la operación con la precisión de quien ha pensado cada detalle.

Los patrulleros llevarán un silbato y un código de buen comportamiento. Inicialmente se consideró darles sprays de defensa personal, pero eso fue descartado. Su misión será retener a quien cometa un delito hasta que llegue la policía, y distribuir folletos sobre seguridad a los turistas. Pero hay un énfasis que Roberto no disimula: lo harán en las zonas con más inmigrantes. Los marroquíes y argelinos crean problemas, dice. La segunda fase se desarrollará en el centro de Valencia. No es una patrulla de seguridad general. Es una vigilancia selectiva dirigida a barrios específicos por su composición demográfica.

Roberto no está solo en esto. Ha fichado al que fue inspector jefe de la Policía Nacional en la comisaría centro de Valencia, Ricardo Ferris, un abogado y criminólogo que fue destituido por Interior después de vincular inmigración y delincuencia en una conferencia organizada por Vox. Ferris, ahora jubilado, es socio de una filial de la empresa de seguridad de Roberto en la República Dominicana. Supervisará de cerca las patrullas. Seremos los ojos y oídos de la policía, dice. La ONG, el partido España 2000 y una asociación llamada La Resistencia funcionan como un mismo engranaje, coordinado desde un cuartel general cerca de La Malvarrosa.

Esta no es la primera incursión de Roberto en la asistencia social como fachada política. Hace 14 años, la ONG ya repartía comida solo a españoles, siguiendo el modelo de los neonazis griegos de Amanecer Dorado. Cuando El País destapó esto, el Banco de Alimentos de Valencia cortó el suministro de víveres procedentes del Fondo Agrario. Roberto tuvo que recolectar comida a las puertas de los supermercados. Ahora organiza talleres de defensa personal contra los enemigos de España, a los que asisten funcionarios en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Ejército. Las técnicas de estrangulamiento figuran en el programa.

La obsesión de Roberto es que no se revele su entramado empresarial. Aparece ligado en el Registro Mercantil a solo dos empresas, pero admite que la mayoría de sus negocios de seguridad en España y en el extranjero no están a su nombre. La principal, creada en 1979, arrojó beneficios de 8,4 millones en 2024 con 194 empleados. En los últimos nueve años ha captado 900.000 euros en adjudicaciones públicas: 550.000 del Instituto Geológico y Minero de España, 159.436 de la Residencia Estudiantil Ramón Pignatelli de Zaragoza, 125.928 de la Delegación de Economía y Hacienda de Tarragona. La estrategia es evitar que administraciones gobernadas por la izquierda veten su conglomerado mercantil.

Roberto es un hombre que debe nadar y guardar la ropa. En 2003 fue destinatario de un sobre bomba enviado por anarquistas que hirió a dos empleados de Correos en Valencia. En 2021 promovió, junto a un exlíder de Ultra Sur, una marcha neonazi en Chueca al grito de fuera maricas de nuestros barrios. Ahora calcula con celo el alcance de sus palabras. Siempre estoy al borde de lo que se puede hacer, confiesa con la mirada fija en el retrato de Ledesma Ramos. Las patrullas comenzarán en las próximas semanas. Las autoridades enfrentan el desafío de regular grupos que operan legalmente pero bajo una ideología fascista explícita, mientras Roberto sigue calculando exactamente cuánto puede hacer sin cruzar la línea que lo exponga.

La finalidad es colaborar con la policía en los sitios calientes
— José Luis Roberto Navarro
Lo vamos a hacer en las zonas con más inmigrantes. Los marroquíes y argelinos crean problemas
— José Luis Roberto Navarro
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