En uno de los corredores marítimos más vitales del planeta, la confrontación entre Washington y Teherán ha cruzado un umbral difícil de revertir: cinco petroleros iraníes destruidos, misiles balísticos lanzados contra buques de guerra, y amenazas que ya alcanzan a Kuwait y Baréin. Lo que comenzó como una disputa bilateral se expande hacia el tejido más amplio de la estabilidad regional, recordándonos que las guerras de presión rara vez permanecen contenidas entre quienes las inician.