No se trata de culparnos, sino de elegir cómo actuar la mayoría de las veces
En el vasto territorio de la crianza, la psicóloga Milena González ofrece un espejo sencillo pero revelador: ¿somos padres que, como las abejas, buscan el néctar del esfuerzo y el crecimiento, o padres que, como las moscas, gravitan hacia los errores y las carencias? Esta metáfora, compartida con casi dos millones de seguidores en redes sociales, no pretende juzgar sino invitar a la conciencia, recordándonos que el patrón de atención con el que miramos a nuestros hijos moldea, silenciosamente, la imagen que ellos construyen de sí mismos.
- Millones de familias buscan orientación en una crianza que se siente cada vez más compleja y cargada de culpa.
- La metáfora abeja-mosca pone en tensión dos tendencias opuestas: celebrar el esfuerzo o castigar el error, y obliga a los padres a reconocerse en una u otra.
- González desmonta la trampa de la perfección parental al advertir que todos tenemos 'momentos mosca', y que la culpa no es el camino hacia el cambio.
- Lo que se propone como salida es la conciencia deliberada: observar el tono predominante de la relación con los hijos y elegir, la mayoría de las veces, la mirada que construye en lugar de la que erosiona.
Milena González, psicóloga con casi dos millones de seguidores en TikTok e Instagram, ha convertido un concepto psicológico en una imagen que muchas familias están usando para examinarse: ¿eres madre o padre abeja, o madre o padre mosca?
Los padres abeja, según González, son aquellos capaces de ver más allá del resultado inmediato. Reconocen el esfuerzo, celebran los avances pequeños y sostienen una mirada de crecimiento que valida al hijo no solo por sus logros, sino por su proceso interno. Es un enfoque que prioriza la conexión sobre la corrección.
Los padres mosca, en cambio, dirigen su atención principalmente hacia los errores y las carencias, incluso cuando hay aspectos positivos presentes. Como el insecto que se siente atraído por lo desagradable, este patrón de atención —cuando domina la relación— puede erosionar la autoestima y la seguridad emocional del niño.
Pero González introduce un matiz esencial: nadie es perfecto, y todos atravesamos momentos mosca. La experta advierte contra la culpa parental y señala que lo verdaderamente importante no es la perfección, sino la tendencia general. 'No se trata de culparnos por nuestros momentos mosca, porque todos los tenemos', afirma.
Lo que los hijos internalizan, concluye la psicóloga, no viene de padres impecables sino del tono predominante con el que son observados y nombrados. Si predomina la crítica, desarrollan una relación vigilante consigo mismos; si predomina el reconocimiento del esfuerzo, cultivan resiliencia y autocompasión. La propuesta de González no apunta a la perfección, sino a la conciencia: elegir, una y otra vez, cómo queremos mostrar amor a través de nuestra atención.
Milena González, psicóloga conocida en redes sociales como 'Una mamá psicóloga', ha desarrollado una metáfora que está ayudando a miles de padres a entender sus propios patrones de crianza. Con casi dos millones de seguidores entre TikTok e Instagram, González comparte regularmente reflexiones sobre la educación infantil y el comportamiento parental, convirtiendo conceptos psicológicos complejos en ideas accesibles para familias españolas que buscan orientación en la tarea, a menudo abrumadora, de criar hijos.
La metáfora que propone es simple pero reveladora: ¿eres madre o padre abeja, o madre o padre mosca? Aunque González aclara que no se trata de etiquetar a las personas de forma permanente, esta imagen retórica funciona como espejo para examinar cómo nos relacionamos con nuestros hijos día a día. Los progenitores abeja, según su análisis, poseen la capacidad de ver más allá de los resultados inmediatos. Reconocen el esfuerzo en los procesos, celebran incluso los avances pequeños, y observan tanto los logros como las dificultades desde una perspectiva de crecimiento. Estos padres y madres mantienen una mirada positiva que valida el trabajo interno del hijo, no solo sus éxitos visibles.
La psicología ha utilizado históricamente a las abejas como símbolo de equilibrio emocional, sabiduría y cuidado meticuloso. González ve en los padres abeja esa misma cualidad: una capacidad de actuar desde la prudencia emocional, de sostener la relación con los hijos sin perder de vista su valor intrínseco. Es un enfoque que prioriza la conexión sobre la corrección.
En contraste, los padres mosca operan desde un lugar diferente. González los describe como progenitores que están constantemente preparados para sermonear, castigar o criticar. Su atención se fija principalmente en lo que falta, en los errores, en lo que debe mejorarse, incluso cuando hay aspectos positivos presentes en el comportamiento del hijo. La mosca, atraída naturalmente por lo desagradable, representa esta tendencia a enfocarse en lo negativo. No es una caracterización moral, sino una descripción de un patrón de atención que, cuando domina la relación, puede erosionar la autoestima y la seguridad emocional del niño.
Pero González introduce un matiz crucial que humaniza su propuesta: ningún padre ni madre es perfecto. Todos experimentamos momentos mosca. La experta advierte contra la culpa parental, contra la idea de que debemos ser siempre abejas. "No se trata de culparnos por nuestros momentos mosca, porque todos los tenemos, no somos robot", señala. Lo que importa, según su análisis, es la tendencia general, el patrón que predomina la mayoría de las veces. Esa elección consciente de cómo actuar es lo que realmente impacta la salud mental y emocional de los hijos.
González propone un ejercicio de reflexión para padres y madres: observar cómo se dirigen a sus hijos cada día. ¿Predominan los gritos y las correcciones, o hay más momentos de conexión y reconocimiento? La respuesta no es binaria; ambas cosas ocurren en la crianza real. Pero la proporción, la tendencia, el tono general de la relación, eso sí marca la diferencia.
Lo que los hijos aprenden y reflejan, según la psicóloga, no proviene de la perfección parental sino de lo que ven y escuchan sobre sí mismos. Los niños internalizan la forma en que sus padres los observan y hablan de ellos. Si predomina la crítica, desarrollan una relación vigilante consigo mismos. Si predomina el reconocimiento del esfuerzo, desarrollan resiliencia y autocompasión. González enfatiza que esto no es un camino hacia la perfección, sino hacia la conciencia: la capacidad de elegir, una y otra vez, cómo queremos mostrar amor a través de nuestra atención.
Notable Quotes
Los padres y madres abeja ven el esfuerzo de sus hijos, celebran sus avances por pequeños que sean y reconocen logros y debilidades con una mirada positiva de crecimiento— Milena González, psicóloga
Los niños aprenden y reflejan su comportamiento y emociones basándose en lo que ven que hacemos y decimos sobre ellos— Milena González, psicóloga
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la psicología recurre a estas metáforas de insectos? ¿No es demasiado simplista para algo tan complejo como la crianza?
No se trata de simplificar, sino de crear una imagen que el cerebro pueda retener. La abeja y la mosca funcionan como símbolos que ya cargamos culturalmente: una representa el trabajo cuidadoso, la otra lo desagradable. Eso nos ayuda a reconocer nuestros propios patrones sin necesidad de un diagnóstico formal.
Pero entonces, ¿qué pasa con los padres que se sienten atrapados en el modo mosca? ¿Cómo salen de ahí?
González no ofrece un manual de escape, pero sí algo más valioso: la idea de que no necesitas ser perfecto. Solo necesitas tomar conciencia de dónde estás la mayoría de las veces. Una vez que ves el patrón, puedes elegir diferente.
¿Y los hijos? ¿Cómo afecta realmente a su desarrollo emocional esta diferencia entre padres abeja y padres mosca?
Los niños internalizan la forma en que los ven. Si constantemente escuchan crítica, aprenden a verse a través de esa lente. Si escuchan reconocimiento del esfuerzo, desarrollan una relación más compasiva consigo mismos. No es magia, es aprendizaje emocional básico.
¿Existe algún equilibrio? ¿O es mejor ser completamente abeja?
El equilibrio es la realidad. Los padres abeja también necesitan establecer límites y corregir. La diferencia es que lo hacen desde la conexión, no desde la crítica. Y los padres mosca, en sus mejores momentos, también reconocen logros. Lo importante es cuál es tu tendencia dominante.
¿Cómo se mide eso? ¿Cómo sabe un padre si está siendo abeja o mosca la mayoría de las veces?
González sugiere un ejercicio simple: observa un día completo. ¿Cuántas veces gritaste o criticaste? ¿Cuántas veces reconociste un esfuerzo o celebraste algo pequeño? La proporción te dirá dónde estás. Y eso es suficiente para empezar a cambiar.