En el cruce entre la rutina y la biología, un enfermero sanitario recuerda que el cuerpo no es indiferente a lo que le aplicamos: los perfumes, esos rituales cotidianos de identidad y presencia, pueden convertirse en vectores de sustancias que el organismo absorbe sin que lo advirtamos. La piel del cuello, fina e irrigada, y la glándula tiroides que alberga, merecen una atención que rara vez les concedemos. No se trata de renunciar al placer de la fragancia, sino de elegir con más conciencia dónde y cómo la depositamos.
Enfermero advierte: aplicar perfume en el cuello puede afectar tu tiroides
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