A menos de tres semanas de las elecciones presidenciales brasileñas del 4 de octubre, una encuesta de Quaest dibuja un escenario donde la desconfianza ciudadana no distingue entre bandos: ni el presidente Lula ni su rival Flávio Bolsonaro logran convencer a la mayoría de los votantes de su honestidad. En una democracia que busca renovarse, el dilema no es elegir al más virtuoso, sino al menos cuestionado.
Encuesta revela que Lula es visto como más deshonesto que Flávio Bolsonaro
Ninguno de los dos candidatos logra confianza mayoritaria
¿Cómo es posible que Lula esté peor evaluado en honestidad pero siga siendo competitivo en las elecciones?
Porque Flávio Bolsonaro tampoco tiene una imagen positiva. El 23% que lo ve como honesto es incluso menor que el 28% de Lula. Ambos están débiles en confianza.
Pero hay que ser cuidadoso aquí. La encuesta mide percepción, no realidad. Y la pregunta es binaria: ¿honesto o no? No sabemos qué pasa con los indecisos o los que no responden.
¿Qué explica la diferencia tan grande entre regiones? ¿Por qué el sudeste rechaza tanto a Lula?
El sudeste es más urbano, más conservador en algunos aspectos, y concentra mucho poder económico. Lula tiene una base histórica más fuerte en el nordeste.
Cierto, pero la encuesta no nos dice por qué el sudeste lo ve como deshonesto. ¿Es por la investigación contra su hijo? ¿Por su historial? ¿Por desinformación? Eso no está en los datos.
¿Importa realmente esta percepción de honestidad si la gente vota por otras razones?
Los especialistas dicen que pueden estar asociadas. Si el rechazo a Lula subió del 53% al 55% en paralelo con esta percepción, algo está conectando.
Pero eso es correlación, no causalidad. Podrían ser factores económicos, inflación, desempleo. La encuesta no nos dice cuál es el peso real de la honestidad en la decisión de voto.
¿Qué pasa con los evangélicos? El 59% lo ve como deshonesto.
Los evangélicos son un bloque electoral creciente en Brasil, y muchos apoyan a Bolsonaro. Lula es católico, y hay tensiones religiosas en juego.
Aunque es importante notar que el 41% de los evangélicos no lo ve como deshonesto, así que no es unánime. Y no sabemos cuántos evangélicos votarán realmente por Flávio versus otros candidatos.
Il Polso
- El 49% de los brasileños considera deshonesto a Lula, su peor indicador entre los candidatos principales, mientras que el rechazo a su figura ha escalado del 53% al 55% en las últimas semanas.
- Flávio Bolsonaro no escapa al escepticismo: solo el 23% lo ve como honesto, apenas un punto menos que el 28% que confía en Lula, dejando a ambos sin una base sólida de credibilidad.
- La geografía agrava la situación para Lula: en el sudeste, que concentra el 42% del electorado, el 61% lo percibe como deshonesto, una brecha que podría ser decisiva en una contienda ajustada.
- La investigación judicial contra el hijo del presidente, vinculada a presunto tráfico de influencias con ministerios, añade presión al clima de desconfianza que rodea al gobierno en la recta final.
- Con la desconfianza como denominador común, la campaña se convierte en una disputa por el mal menor, donde ningún candidato logra transformar su imagen en una propuesta de confianza genuina.
A menos de tres semanas de las elecciones presidenciales brasileñas del 4 de octubre, una encuesta de Quaest dibuja un escenario donde la desconfianza ciudadana no distingue entre bandos: ni el presidente Lula ni su rival Flávio Bolsonaro logran convencer a la mayoría de los votantes de su honestidad. En una democracia que busca renovarse, el dilema no es elegir al más virtuoso, sino al menos cuestionado.
A dieciocho días de las elecciones presidenciales del 4 de octubre, una encuesta de Quaest expone una realidad incómoda para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva: el 49% de los brasileños lo considera deshonesto, la peor evaluación entre los candidatos principales. Su rival, el senador Flávio Bolsonaro, es visto como deshonesto por el 42%, una diferencia de siete puntos que coloca al mandatario en desventaja en este indicador clave.
Las cifras positivas tampoco consuelan a ninguno de los dos. Solo el 28% ve a Lula como honesto, y apenas el 23% extiende esa valoración a Bolsonaro. El resultado es un electorado que no confía plenamente en ninguna de sus opciones, atrapado entre dos figuras cuya integridad percibida está en entredicho.
La distribución regional del rechazo a Lula es políticamente significativa. En el sudeste, donde vota casi el 42% del país, la percepción de deshonestidad llega al 61%. En el nordeste, bastión histórico del presidente, ese número cae al 32%. La brecha religiosa también es notable: el 59% de los evangélicos lo considera deshonesto, frente al 45% de los católicos.
El contexto judicial complica aún más el panorama. Semanas antes de la encuesta, trascendió una investigación contra el hijo del presidente, vinculada a una empresaria sospechada de tráfico de influencias para obtener contratos con ministerios. Aunque no hay una relación directa entre percepción de deshonestidad y voto, los especialistas advierten que ambos indicadores suelen moverse en la misma dirección.
Para Bolsonaro, la ventaja relativa en este indicador no se traduce en confianza real. Su campaña enfrenta el reto de ser percibida como menos problemática sin lograr entusiasmar. Con el 4 de octubre en el horizonte, la desconfianza es el terreno común sobre el que ambos candidatos libran su batalla final.
A dieciocho días de las elecciones presidenciales brasileñas, una encuesta de Quaest reveló un panorama incómodo para el presidente en ejercicio. Cuando se preguntó a los votantes si consideraban honesto a Luiz Inácio Lula da Silva, el 49% respondió que no. Su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, fue calificado como deshonesto por el 42% de la población, una diferencia de siete puntos que coloca al mandatario en la peor posición entre los dos candidatos principales.
Pero la cifra que define el panorama completo es aún más reveladora: apenas el 28% de los brasileños ve a Lula como un político honesto. Flávio Bolsonaro, a pesar de su mejor desempeño relativo, no sale mejor parado. Solo el 23% de los votantes lo considera honesto. Ninguno de los dos candidatos logra una percepción positiva mayoritaria sobre su integridad, lo que sugiere una población desconfiada de sus opciones electorales.
La geografía del rechazo a Lula es significativa. En el sudeste del país, región que concentra casi el 42% del electorado nacional, la percepción de deshonestidad alcanza el 61%, su nivel más alto. En contraste, el nordeste, con el 27% del electorado, registra apenas el 32%, el porcentaje más bajo entre todas las regiones. Esta disparidad regional podría tener peso decisivo en una contienda cerrada.
La división religiosa también marca diferencias claras. Entre los evangélicos, el 59% considera a Lula deshonesto, una cifra que refleja tensiones más amplias entre el presidente católico y un segmento electoral creciente. Entre los católicos, la percepción negativa es menor pero aún significativa: el 45% los ve como deshonesto.
Esta encuesta, finalizada el 13 de septiembre, llega en un momento delicado para la administración Lula. Semanas antes, el gobierno enfrentó la repercusión de una investigación contra Fábio Luís Lula da Silva, hijo del mandatario, relacionado con una empresaria sospechada de tráfico de influencias para obtener contratos de empresas con ministerios. Aunque no existe una conexión automática entre la percepción de deshonestidad y el rechazo electoral, los especialistas señalan que ambos indicadores pueden estar asociados en la evaluación que hacen los votantes al momento de decidir su voto.
En el caso de Lula, la cifra del 49% que lo ve como deshonesto coincide con un aumento del rechazo a su figura. En las dos últimas consultas de Quaest, ese rechazo pasó del 53% al 55%, una tendencia que sugiere que la percepción negativa se está consolidando. Para Flávio Bolsonaro, la mejor evaluación relativa en el indicador de deshonestidad no se traduce en una imagen positiva robusta. Su candidatura enfrenta el desafío de ser percibida como menos problemática que la de Lula, pero sin lograr generar confianza genuina entre los votantes. Con las elecciones del 4 de octubre a menos de tres semanas, ambos candidatos compiten en un terreno donde la desconfianza es el denominador común.
Citazioni salienti
Si bien no existe una relación directa entre la percepción de deshonestidad y el rechazo electoral, ambos indicadores pueden estar asociados en la evaluación de los votantes a la hora de decidir su voto— Especialistas consultados por la encuesta