En el escenario de 'Yo Me Llamo', hombres y mujeres se entregan cada semana a la tarea antigua y exigente de habitar otra voz, otro cuerpo, otra historia. El jurado —Amparo, César y Elder— no solo evalúa técnica: busca ese instante en que la imitación deja de ser copia y se convierte en presencia. La competencia revela, noche tras noche, que el arte de transformarse en otro exige tanto rigor como emoción.