En España se abandona un animal cada dos minutos por crisis de vivienda y falta de responsabilidad

Casi 300.000 animales domésticos abandonados anualmente en España sufren trauma psicológico, ansiedad y pánico al ingresar en centros de protección.
Se ven entre la espada y la pared, sobre todo por mudarse a sitios más estrictos
Cuesta describe cómo el perfil de quienes abandonan ha cambiado: ya no son solo negligentes, sino personas atrapadas por la crisis de vivienda.
Mark

¿Por qué España tiene estas cifras tan altas de abandono comparado con otros países europeos?

Mimi

La crisis de vivienda es el factor principal. Los alquileres suben, los propietarios son más estrictos con las mascotas, y la gente se ve obligada a elegir entre mudarse a un lugar que no acepta animales o quedarse sin hogar.

Luke

Pero eso es lo que dice Cuesta. ¿Tenemos datos que confirmen que la vivienda es realmente la causa número uno, o es lo que escucha en sus llamadas diarias?

Mimi

Es lo que escucha directamente de las personas que llaman. Entre 5 y 15 llamadas al día, y las razones son consistentes: mudanzas, separaciones, fallecimiento del tutor.

Luke

Eso es anecdótico, aunque sea frecuente. ¿Hay un estudio que correlacione precios de alquiler con abandonos?

Mark

¿Y qué pasa con los animales que no tienen microchip? ¿Cómo es posible que el 95% de los gatos no lo tengan?

Mimi

Muchas personas simplemente no lo consideran necesario, o no saben que existe. Es un acto de responsabilidad que requiere iniciativa y costo.

Luke

El dato es del ministerio, así que es fiable. Pero no sabemos si esos animales nunca tuvieron microchip o si se lo quitaron antes de abandonarlos.

Mark

¿El proceso de adopción es realmente tan riguroso como lo describe Cuesta?

Mimi

Sí, y ella lo ve como una protección. Cada devolución traumatiza más al animal. Prefiere ser cuidadoso al principio.

Luke

Es una posición defensible, pero también es verdad que un proceso muy largo puede desalentar a adoptantes genuinos. ¿Tienen datos sobre cuántas personas desisten por el formulario?

Mimi

No lo menciona, pero es una pregunta válida.

Mark

¿Qué pasa con los animales que no son adoptados?

Mimi

El centro no lo dice explícitamente, pero está implícito que permanecen allí indefinidamente, con los recursos limitados que tienen.

Luke

Eso es importante. No sabemos cuál es la tasa de adopción, cuánto tiempo permanecen los animales en el centro, o qué sucede con los que no encuentran hogar.

  • España recogió 292.018 perros y gatos en 2024, situándose entre los países europeos con mayor tasa de abandono, con un animal dejado atrás cada dos minutos.
  • El 95% de los gatos y el 70% de los perros llegan a los centros sin microchip, haciendo casi imposible rastrear a sus dueños y prolongando su estancia en instalaciones que los someten a estrés extremo.
  • La causa más repetida no es la crueldad sino la trampa del mercado inmobiliario: pisos que no admiten mascotas obligan a familias a elegir entre un techo y su animal.
  • Los centros como el CAAD Maresme aplican protocolos de adopción deliberadamente lentos —formularios, presentaciones exteriores, días de paseo— para evitar devoluciones que retraumatizan a los animales.
  • Expertos señalan que la única salida estructural es la educación desde la infancia, formando generaciones que entiendan la adopción como un vínculo permanente, no como un objeto desechable.

Cada dos minutos, un animal doméstico es abandonado en España —casi 300.000 al año—, una cifra que no habla solo de negligencia, sino de un país atrapado entre alquileres prohibitivos, rupturas familiares y una cultura que aún no ha interiorizado que adoptar es un compromiso de por vida. Los centros de protección reciben el peso de esta fractura social, intentando sanar no solo cuerpos, sino también los traumas acumulados de animales que han aprendido, una y otra vez, que los vínculos se rompen.

En España, cada dos minutos un animal doméstico es abandonado. En 2024, los centros de protección recogieron 292.018 perros y gatos —800 al día, 33 cada hora—, situando al país entre los europeos con mayores tasas de abandono. La Fundación Affinity documenta un problema que ha ido creciendo y que hoy afecta a familias que no encuentran vivienda donde puedan vivir con sus mascotas.

La falta de identificación agrava el drama: el 95% de los gatos y el 70% de los perros llegan a los centros sin microchip, lo que impide localizar a sus propietarios. Solo el 21% de los ayuntamientos españoles cuenta con un centro propio de recogida. El CAAD Maresme, en la costa de Barcelona, es uno de los espacios que intenta no solo garantizar el bienestar de estos animales, sino también impulsar adopciones responsables.

Cristina Cuesta, responsable del centro, atiende entre 5 y 15 llamadas diarias de personas que quieren abandonar a sus animales. Las razones se repiten: mudanzas a pisos que no aceptan mascotas, separaciones de pareja, fallecimiento del tutor. El perfil ha cambiado: ya no son solo personas negligentes, sino gente atrapada por un mercado de alquiler cada vez más restrictivo y caro.

El protocolo cuando se encuentra un animal abandonado exige retenerlo con calma antes de llamar a las autoridades, evitando perseguirlo o asustarlo. En el centro, se le coloca microchip, se le vacuna, se le desparasita y se le realiza un test de Leishmania. Si llega identificado, la policía local contacta al propietario; si no, el centro difunde su imagen en redes sociales, logrando recuperar más de la mitad.

La adopción en el CAAD Maresme es un proceso cuidadoso: formularios detallados, presentaciones en exteriores donde la ansiedad del animal es menor, y días de paseo cuando el vínculo necesita tiempo. Cuesta sabe que puede parecer tedioso, pero insiste en que reduce las devoluciones. Cada regreso al centro tras una adopción fallida suma un nuevo trauma: ansiedad renovada, pánico, exposición al ruido y al estrés.

La solución que Cuesta priorizaría es la educación desde la infancia: charlas en colegios, niños que crezcan entendiendo que adoptar es un compromiso de por vida. Así como las personas necesitan psicólogos, los animales necesitan etólogos y educadores. El trabajo más arduo del equipo es acompañar a animales en estado de pánico reactivo, con recursos limitados, desde el cariño y lo positivo, sabiendo que la curva de ansiedad que sube al ingresar en el centro puede convertirse en el obstáculo más difícil de superar.

En España, cada dos minutos un animal doméstico es abandonado. Las cifras son abrumadoras: en 2024, los centros de protección recogieron 292.018 perros y gatos, lo que equivale a 800 animales diarios, o 33 cada hora. Según datos de la Fundación Affinity, España se sitúa entre los países europeos con mayores tasas de abandono, un problema que ha ido creciendo y que ahora toca de lleno a familias que se ven atrapadas entre la necesidad de mudarse y la imposibilidad de encontrar vivienda que acepte mascotas.

La magnitud del problema se refleja también en la falta de identificación. Un estudio del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 revela que el 95% de los gatos y el 70% de los perros que llegan a los centros de protección carecen de microchip, lo que impide localizar a sus propietarios. La infraestructura para gestionar estos animales es desigual: solo el 21% de los ayuntamientos españoles dispone de un centro propio de recogida, mientras que el 42% de los que no lo tienen recurre a servicios externos. El Centro de Atención de Animales Domésticos del Maresme (CAAD Maresme), ubicado en la costa de Barcelona, es uno de esos espacios donde se intenta no solo garantizar el bienestar de los animales abandonados, sino también impulsar adopciones responsables y educar a la ciudadanía.

Cristina Cuesta, responsable del CAAD Maresme, atiende entre 5 y 15 llamadas diarias de personas que desean abandonar a sus animales. Las razones que escucha son repetitivas y reveladoras: "Me he mudado y en el piso no aceptan animales"; "nos hemos separado y ninguno de los dos quiere hacerse responsable"; "ha muerto el tutor y no me quiero hacer cargo". El perfil de quienes abandonan ha cambiado con el tiempo. Ya no se trata únicamente de personas negligentes o irresponsables, sino de gente que se siente atrapada entre la espada y la pared. Los alquileres cada vez más caros los obligan a buscar vivienda en lugares más estrictos con sus políticas sobre mascotas, y muchos no encuentran otra salida que dejar a sus animales en manos de los centros de protección.

Cuando alguien encuentra un animal abandonado o herido, el protocolo comienza con retenerlo con seguridad y llamar a las autoridades municipales. Cuesta explica que los errores más comunes incluyen perseguir al animal —lo que lo asusta aún más— o contactar con la policía antes de asegurarlo, con lo que desaparece antes de que llegue la ayuda. En el caso de los gatos, es frecuente que personas bien intencionadas recojan gatitos pequeños sin saber que la madre está cerca, asustada, observando desde la distancia. El acercamiento correcto requiere evaluar el estado del animal, ponerse a su altura sin mirarlo fijamente, llevar algo para sujetarlo y, si es posible, ofrecerle comida para ganar su confianza.

Una vez en el centro, si el animal lleva microchip, la policía local lo lee y contacta al propietario. Si no lo tiene —lo que ocurre en aproximadamente el 45% de los casos que llegan al CAAD Maresme—, el centro difunde la imagen en redes sociales antes de ir a recogerlo, lo que permite recuperar más de la mitad de los animales. Una vez ingresado, se le coloca microchip, se le vacuna, se le desparasita y se le realiza un test de Leishmania para que entre al centro con las defensas reforzadas.

La adopción en el CAAD Maresme es un proceso deliberadamente cuidadoso. Los candidatos deben rellenar un formulario detallado que ayuda al equipo a entender qué buscan, si están dispuestos a educar al animal, si pueden acoger a animales enfermos o mayores. Luego, el centro presenta opciones y realiza presentaciones del animal en el exterior, donde el nivel de ansiedad es menor que dentro del centro. Si hay otros animales en casa, se hacen presentaciones. Si el vínculo requiere tiempo, se organizan varios días de paseo. Cuesta reconoce que el proceso puede parecer tedioso, pero insiste en que reduce significativamente las devoluciones. Cada vez que un animal regresa al centro tras una adopción fallida, vuelve con un trauma adicional de abandono, con ansiedad renovada, en estado de pánico, expuesto nuevamente al ruido y al estrés.

La solución que Cuesta priorizaría es la educación desde la infancia. Invertir en charlas en colegios, fomentar que los niños crezcan entendiendo que adoptar un animal es un compromiso de por vida, no algo temporal que se puede descartar. Así como las personas necesitan psicólogos, los animales necesitan educadores, etólogos y profesionales que ayuden a comprender su comportamiento. El desafío más complicado al que se enfrenta el equipo del CAAD Maresme es trabajar con animales en estado de pánico reactivo, aquellos que saltan a morder, con recursos limitados. El centro siempre actúa desde el cariño y lo positivo, pero la curva de ansiedad que sube al ingresar en el centro a menudo se convierte en pánico, y ese es el trabajo más arduo de realizar.

Las razones más comunes son: 'Me he mudado y en el piso no aceptan animales'; 'nos hemos separado y ninguno de los dos quiere hacerse responsable'; o 'ha muerto el tutor y no me quiero hacer cargo'
— Cristina Cuesta, responsable del CAAD Maresme
Cada vez que ese animal se va y vuelve al centro, vuelve con un trauma más de abandono, vuelve a tener ansiedad, vuelve a estar en estado de pánico
— Cristina Cuesta
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