En un país donde el agua ha sido históricamente un recurso disputado, el sector de depuración de aguas residuales cerró 2025 con una facturación de 1.580 millones de euros y un crecimiento del 7,8%, señal de que la sociedad española está comenzando a valorar —y a pagar— el ciclo completo del agua. La confluencia de lluvias recuperadas, presión turística y marcos regulatorios más estrictos no es casualidad: es el retrato de una civilización que empieza a gestionar sus límites hídricos con mayor seriedad. Lo que antes era infraestructura invisible se convierte, lentamente, en eje estratégico.