Cada septiembre, la televisión estadounidense se detiene a contemplar su propio reflejo: la 78ª entrega de los Emmy reunió en el Peacock Theater de Los Ángeles a las producciones y figuras que definieron el año en pantalla. Con Mariska Hargitay como anfitriona y dos series —The Pitt y Hacks— disputando el centro de la conversación, la ceremonia no fue solo una gala de premios, sino un mapa de hacia dónde viaja la narrativa televisiva en un momento de abundancia y fragmentación de plataformas.