Elvia Martínez se gradúa de Psicología en la UNAM a los 71 años tras esperar 43 años

Nunca es tarde para hacerlo, solo es garra y ganas de salir adelante
Elvia Martínez anima a otros a retomar sus estudios inconclusos, reflejando su propia determinación tras 43 años de espera.
Mark

¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando regresaste a la UNAM después de tanto tiempo?

Mimi

Que mi expediente seguía ahí. Que la universidad no me había olvidado, aunque yo casi me había olvidado de mí misma. Eso abrió una puerta que creía cerrada para siempre.

Mark

¿Y la tecnología? Eso debe haber sido abrumador para alguien que no creció con estas herramientas.

Mimi

Lo fue. Al principio me daba pánico tocar una computadora. Pero mis compañeros, que eran mucho más jóvenes, me enseñaron con paciencia. Aprendí que nunca es demasiado tarde para aprender algo nuevo, incluso cuando tienes miedo.

Mark

Cuatro horas de viaje cada día. ¿Hubo momentos en que quisiste rendirte?

Mimi

Muchos. Llegaba tan cansada que me dormía en la silla. Pero luego pensaba en esos treinta años esperando, y encontraba fuerzas para levantarme y hacer la tarea. El cansancio físico es temporal. El arrepentimiento dura para siempre.

Mark

¿Cómo fue estar rodeada de gente tan joven?

Mimi

Pensé que sería incómodo, que me verían como una abuela en el aula. Pero no fue así. Me aceptaron, me ayudaron, me hicieron sentir parte de algo. Eso fue más valioso que cualquier calificación.

Mark

¿Y ahora? ¿Realmente vas a estudiar una maestría?

Mimi

Sí. Algunos dicen que estoy loca, que Neurociencias es muy difícil. Pero he aprendido que lo difícil es solo lo que no has intentado aún. Tengo tiempo, tengo ganas, y tengo una UNAM que cree en mí.

  • Un expediente universitario que permaneció activo durante treinta años fue la puerta inesperada que le permitió a Elvia retomar una carrera que el mundo le había hecho creer imposible.
  • Cada día representaba una prueba doble: cuatro horas de transporte entre Azcapotzalco e Iztacala, y la brecha tecnológica de quien aprendió a usar un celular y plataformas digitales pasados los sesenta años.
  • Lejos de ser ignorada en un salón de jóvenes, Elvia encontró apoyo genuino de profesores y compañeros, y superó su miedo más profundo —hablar en público— sin faltar a una sola clase en toda la carrera.
  • Con el título en mano, no ve un final sino una pausa: evalúa estudiar una maestría en Neurociencias, desafiando las advertencias sobre su dificultad con la misma determinación que la trajo hasta aquí.
  • Su mensaje a quienes dejaron estudios inconclusos es directo y sin adornos: regresen, pregunten, busquen alternativas, porque el sueño no está muerto sino solo dormido.

En la larga conversación que la humanidad sostiene consigo misma sobre el tiempo y el aprendizaje, Elvia Martínez ofrece una respuesta silenciosa y contundente: a los 71 años recogió su título en Psicología de la UNAM, cuatro décadas después de haber aprobado el examen de ingreso en 1982. Lo que la vida económica le arrebató en la juventud —la posibilidad de estudiar mientras sostenía a sus padres y ocho hermanos— ella lo recuperó con paciencia, trayectos de cuatro horas diarias y la voluntad de aprender desde cero a usar una computadora. Su historia no habla de excepciones, sino de lo que ocurre cuando un sueño no se abandona, sino que simplemente espera.

A los 71 años, Elvia Martínez recogió su título en Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM. No era la primera vez que intentaba llegar hasta ahí. En 1982, con 28 años, había aprobado el examen de ingreso a esa misma universidad, pero la necesidad económica de su familia —sus padres y ocho hermanos— la obligó a elegir el trabajo sobre la carrera. El sueño quedó guardado durante décadas.

Cuando ya no pudo mantener un empleo regular, Elvia decidió regresar. Al revisar su expediente en el CCH Sur descubrió que sus registros seguían activos en el sistema universitario. Eso lo cambió todo. En 2012, treinta años después de su aceptación inicial, ingresó formalmente a la licenciatura en Psicología.

Los obstáculos fueron concretos y múltiples. La tecnología digital le resultaba ajena al principio: le daba miedo tocar una computadora y dependía de sus compañeros para aprender a usar el teléfono. Con práctica y paciencia, terminó dominando las plataformas que necesitaba. A eso se sumaban cuatro horas diarias de transporte entre Azcapotzalco y la facultad, que la dejaban tan agotada que a veces se dormía antes de poder hacer la tarea, solo para despertarse y completarla de todas formas.

Ser la persona mayor en un salón de jóvenes podría haber sido una barrera, pero Elvia encontró apoyo genuino de profesores, directivos y estudiantes. Superó también su miedo más profundo: hablar en público durante las exposiciones. Según los registros de la UNAM, nunca faltó a una sola clase en toda su carrera.

Ahora considera estudiar una maestría en Neurociencias, a pesar de las advertencias sobre su dificultad. Reconoce que aún no se siente lista para ejercer, pero valora profundamente los conocimientos y el sentido de utilidad que ganó. Su mensaje para quienes dejaron estudios inconclusos es simple: regresen, pregunten por su situación y busquen alternativas. "Nunca es tarde", dice, y su propia historia es la prueba más elocuente.

A los 71 años, Elvia Martínez caminó por los pasillos de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM para recoger su título en Psicología. No era su primer intento. Cuarenta y tres años antes, en 1982, cuando tenía 28 años, había aprobado el examen de ingreso a la misma universidad. Pero la vida económica de su familia la obligó a elegir: trabajar para sostener a sus padres y a ocho hermanos, o perseguir una carrera universitaria. Eligió trabajar.

Durante décadas, ese sueño quedó guardado. Cuando ya no pudo mantener un empleo regular, Elvia decidió que era momento de regresar. Se presentó en el CCH Sur para revisar su expediente académico y descubrió algo que cambió todo: sus registros seguían activos en el sistema. La universidad le permitió retomar donde había dejado las cosas, aunque no exactamente donde las había dejado en 1982. En 2012, treinta años después de su aceptación inicial, ingresó formalmente a la licenciatura en Psicología.

Los obstáculos fueron reales y variados. La tecnología digital, que para muchos es una herramienta cotidiana, representaba un muro para Elvia. Al principio le daba miedo tocar una computadora, y dependía de sus compañeros para aprender a usar incluso su teléfono celular. Poco a poco, con paciencia y práctica, dominó las plataformas digitales necesarias para completar sus tareas. Pero la tecnología no era su único reto. Cada día enfrentaba un viaje de dos horas desde su casa en Azcapotzalco hasta la facultad, y otras dos horas de regreso. Llegaba tan exhausta que a veces se dormía antes de poder hacer la tarea, solo para despertarse y completarla de todas formas.

Había también la cuestión de ser la persona mayor en un salón lleno de jóvenes. Las diferencias generacionales eran evidentes, pero Elvia encontró algo inesperado: apoyo genuino de profesores, directivos y estudiantes. Se sintió parte de la comunidad universitaria, no una intrusa. Uno de sus miedos más profundos era hablar en público durante las exposiciones en clase. Ese temor, como tantos otros, terminó siendo superado. Durante toda su carrera, según los registros de la UNAM, nunca faltó a una sola clase.

Ahora que tiene su título en mano, Elvia no ve el fin de su camino académico sino apenas un punto de descanso. Está considerando estudiar una maestría en Neurociencias, a pesar de que algunas personas le han advertido sobre la dificultad de esa especialidad. Reconoce que aún no se siente completamente lista para ejercer como psicóloga, pero los conocimientos que adquirió durante estos años le han dado nuevas habilidades y un sentido renovado de utilidad. "Eso es lo más grandioso que jamás imaginé", dijo al reflexionar sobre lo que significa ser ahora una egresada de la UNAM.

Su mensaje para otros que han dejado sus estudios inconclusos es simple y directo: regresen a la institución, pregunten por su situación, busquen alternativas. "Sólo es garra y ganas de salir adelante, porque nunca es tarde para hacerlo", expresó. En su historia no hay dramatismo artificial ni violines de fondo. Solo una mujer que esperó cuarenta y tres años, trabajó cuatro horas diarias en transporte, aprendió a usar una computadora pasados los sesenta, y decidió que su sueño no estaba muerto sino solo dormido.

Eso es lo más grandioso que jamás imaginé
— Elvia Martínez, sobre su graduación de la UNAM
Sólo es garra y ganas de salir adelante, porque nunca es tarde para hacerlo
— Elvia Martínez, mensaje a otros con estudios inconclusos
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