En el otoño político de 2026, Alemania contempla el ascenso consolidado de la AfD en varias regiones, un fenómeno que no puede leerse como un accidente sino como el reflejo de una Europa que busca, con urgencia y a veces con angustia, nuevas formas de representación. El desencanto con las instituciones tradicionales, la presión migratoria y la incertidumbre económica han abierto un espacio que la extrema derecha ha sabido ocupar, planteando preguntas que trascienden las fronteras alemanas y tocan el corazón del proyecto europeo.