En el cruce entre el poder y la ley, la figura del tráfico de influencias emerge como el eje de las investigaciones contra el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Se trata de un delito que el propio Tribunal Supremo reconoce como jurídicamente escurridizo: no exige un acto corrupto explícito, sino demostrar que alguien usó su proximidad al poder para favorecer intereses particulares, una frontera que la justicia española lleva décadas intentando trazar con precisión. Los casos Palau y Nóos se convierten así en algo más que expedientes judiciales: son el espejo en el que la democracia esp