El telescopio James Webb revolucionará la observación del universo a partir de diciembre

Detectar luz invisible y revelar regiones del espacio ocultas
El Webb actuará como un detective del infrarrojo, penetrando en misterios cósmicos previamente inaccesibles.
Mark

¿Por qué este telescopio es tan diferente a los que ya tenemos?

Mimi

El espejo es casi 60 veces más grande que el de telescopios anteriores. Eso significa que puede captar mucha más luz, revelar detalles más finos y ver cosas que antes eran invisibles. Es como pasar de binoculares a un telescopio profesional.

Mark

Entiendo el tamaño, pero ¿qué lo hace especial para buscar vida extraterrestre?

Mimi

Puede analizar las atmósferas de exoplanetas en detalle, detectando gases específicos como metano o dióxido de carbono. Si encuentra agua en un planeta en la zona habitable de una estrella, eso sugiere que podría haber vida. Es el primer telescopio con la sensibilidad para hacer esto.

Mark

Mencionaste que tarda 29 días en llegar a su posición. ¿Por qué tan lejos?

Mimi

Se coloca a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra para evitar el calor del sol. Los instrumentos necesitan estar a -188 grados Celsius para funcionar. A esa distancia, el parasol de cinco capas puede proteger el espejo y mantener esa temperatura extrema.

Mark

¿Qué pasa si algo falla durante esos 29 días de despliegue?

Mimi

Cada paso puede ser controlado desde la Tierra. Pero es cierto que hay miles de piezas que deben funcionar perfectamente en la secuencia correcta. Por eso el equipo lo llama "29 días al límite". Es más largo y más agotador que cualquier otra misión.

Mark

¿Cuándo veremos realmente las primeras imágenes?

Mimi

Después del lanzamiento en diciembre, el telescopio necesita seis meses más de calibración y pruebas en órbita. Las primeras imágenes llegarán a finales de 2022. Pero cuando lleguen, mostrarán cosas que nunca hemos visto antes.

  • Tras décadas de retrasos técnicos y una pandemia que amenazó con posponer el proyecto indefinidamente, el Webb llega a su rampa de lanzamiento listo para despegar el 18 de diciembre desde la Guyana Francesa.
  • El telescopio debe desplegarse en el espacio como un origami de miles de piezas móviles, un proceso de 29 días donde cualquier fallo en la secuencia podría comprometer la misión más cara de la NASA.
  • Durante seis meses de calibración a -188 grados Celsius, sus instrumentos se alinearán para captar luz infrarroja invisible al ojo humano, abriendo ventanas al universo que ningún telescopio anterior pudo alcanzar.
  • El Webb apunta a exoplanetas como TRAPPIST-1e, a solo 40 años luz, para analizar sus atmósferas en busca de metano, dióxido de carbono y otras huellas químicas que podrían indicar la presencia de vida.
  • Las primeras imágenes llegarán a finales de 2022, y con ellas, potencialmente, respuestas a preguntas que la humanidad ha formulado desde que levantó la vista al cielo por primera vez.

En el umbral de una nueva era para la ciencia, la humanidad está a punto de lanzar al cosmos su ojo más poderoso: el telescopio espacial James Webb, fruto de cuatro décadas de sueño colectivo y 40 millones de horas de trabajo compartido entre 14 naciones. Desde la Guyana Francesa, el 18 de diciembre de 2021, este observatorio plegado como origami emprenderá un viaje de 29 días hacia una órbita a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, donde buscará los primeros destellos tras el big bang y los indicios de vida en mundos lejanos. Es, en esencia, la pregunta más antigua de nuestra especie —¿estamos solos?— convertida en ingeniería.

Después de décadas de espera y un camino plagado de obstáculos técnicos y pandémicos, el telescopio espacial James Webb está listo para despegar el 18 de diciembre desde la Guyana Francesa. Es el resultado de 40 millones de horas de trabajo de miles de científicos e ingenieros de 14 países, un esfuerzo que comenzó como concepto en un taller en 1989 y se convirtió en construcción real en 2004.

Lo que hace al Webb verdaderamente singular es su arquitectura. Su espejo principal mide 6,5 metros de diámetro y está compuesto por 18 segmentos hexagonales bañados en oro, casi 60 veces más grande que el de telescopios anteriores como el Spitzer. Dado que ese tamaño superaba las dimensiones de cualquier cohete disponible, los ingenieros diseñaron el telescopio para plegarse como origami y desplegarse una vez en el espacio, un proceso que involucra miles de piezas que deben funcionar en perfecta secuencia durante los 29 días de viaje hacia su órbita a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra.

Una vez instalado, el Webb operará como un detective del infrarrojo, captando luz invisible al ojo humano para revelar galaxias formadas hace 13.500 millones de años, sistemas planetarios en formación y agujeros negros supermasivos. Entre sus objetivos más esperados está TRAPPIST-1e, un planeta del tamaño de la Tierra que orbita una estrella enana a 40 años luz de distancia y que podría albergar agua líquida y, quizás, vida. Sus instrumentos espectroscópicos analizarán las atmósferas de exoplanetas en busca de gases como metano y dióxido de carbono, posibles indicadores de actividad biológica.

Los beneficios del proyecto ya se sienten en la Tierra: la tecnología de precisión desarrollada para pulir sus espejos ha sido adaptada para mejorar la cirugía ocular LASIK. Tras seis meses de calibración en órbita a -188 grados Celsius, las primeras imágenes llegarán a finales de 2022, prometiendo responder algunas de las preguntas más profundas que la humanidad jamás se ha formulado sobre su lugar en el cosmos.

Después de décadas de espera, el telescopio espacial James Webb está listo para despegar. El lanzamiento está programado para el 18 de diciembre desde la Guyana Francesa, marcando el comienzo de una nueva era en la observación del cosmos. Este observatorio representa el esfuerzo combinado de miles de científicos, técnicos e ingenieros de 14 países que han invertido 40 millones de horas en su construcción desde que el concepto surgió en un taller en 1989 y la construcción comenzó en 2004.

El camino hacia este momento ha sido largo y complicado. El proyecto sufrió múltiples retrasos causados tanto por la pandemia como por desafíos técnicos sin precedentes. Ahora, el instrumento más poderoso jamás construido por la NASA está listo para responder preguntas fundamentales sobre nuestro lugar en el universo. Su capacidad para observar el sistema solar, estudiar exoplanetas y penetrar en regiones del espacio previamente ocultas lo convierte en un salto cualitativo respecto a sus predecesores.

La arquitectura del Webb es extraordinaria. El telescopio posee un espejo de 6,5 metros de diámetro compuesto por 18 segmentos hexagonales recubiertos de oro, cada uno midiendo 1,32 metros. Este espejo es casi 60 veces más grande que el de telescopios espaciales anteriores como el Spitzer, lo que le permite captar mucha más luz y revelar detalles nunca antes vistos. Sin embargo, su tamaño presentó un problema único: era demasiado grande para caber en un cohete. Los ingenieros resolvieron esto diseñando el telescopio como un conjunto de piezas móviles que se pliegan como un origami, permitiendo que encaje en un espacio de 5 metros para el lanzamiento.

Una vez en órbita, el Webb funcionará como un detective del infrarrojo, detectando luz invisible al ojo humano y revelando secretos del universo. El observatorio viajará durante aproximadamente un mes hasta alcanzar una órbita a 1,6 millones de kilómetros de la Tierra. Durante esos 29 días, desplegará sus espejos y su parasol de cinco capas, un proceso que involucra miles de piezas que deben funcionar perfectamente en la secuencia correcta. Cada paso puede ser controlado desde la Tierra en caso de problemas. Luego seguirá un período de seis meses de puesta en marcha en el espacio, durante el cual los instrumentos se enfriarán a -188 grados Celsius, se alinearán y se calibrarán.

Los objetivos científicos del Webb son ambiciosos. El telescopio observará cada fase de la historia cósmica, desde los primeros destellos después del big bang hasta la formación de galaxias, estrellas y planetas. Investigará galaxias formadas hace 13.500 millones de años y estudiará exoplanetas ubicados en zonas habitables, donde las temperaturas podrían permitir agua líquida en la superficie. Un objetivo particular es TRAPPIST-1e, un planeta del tamaño de la Tierra descubierto en 2017 orbitando una estrella enana ultrafría a 40 años luz de distancia, que podría albergar agua y potencialmente vida. Otro objetivo es WASP-18b, un Júpiter caliente con atmósfera.

El Webb también examinará las atmósferas de exoplanetas para detectar gases como metano, dióxido de carbono y monóxido de carbono, componentes que podrían revelar los bloques de construcción de la vida. Además, observará agujeros negros supermasivos, sistemas planetarios en formación, cuásares brillantes y objetos del cinturón de Kuiper como Plutón y su luna Caronte. Los datos espectroscópicos del telescopio dividirán la luz en diferentes longitudes de onda para determinar la composición física y química de lo que observa.

Los beneficios del proyecto se extienden más allá de la astronomía. Una técnica desarrollada para medir y pulir con precisión los espejos del Webb ha sido adaptada para cirujanos que realizan cirugía ocular LASIK, creando mapas de alta definición de los ojos de los pacientes. Las primeras imágenes del telescopio llegarán a finales de 2022, después de que todos los instrumentos completen sus pruebas de funcionamiento. Miles de científicos de todo el mundo han estado esperando durante años para ver qué revelará el Webb sobre nuestro universo y nuestra existencia en él.

La ciencia sorprendente que se compartirá con la comunidad global será audaz y profunda
— Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA
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