Casi mil años después de que los normandos cruzaran el Canal de la Mancha y reescribieran el destino de Inglaterra, el testimonio bordado de ese momento llegó a Londres y desató una hambre colectiva que pocas obras de arte o espectáculos modernos logran despertar. El Tapiz de Bayeux, expuesto en el Museo Británico, agotó sus entradas con una velocidad que superó incluso la fiebre por el reencuentro de Oasis, recordándonos que la humanidad sigue buscando, en los hilos del pasado, el hilo que explica su propio presente.