En un momento en que la sequía castiga las cosechas de sorgo en Estados Unidos y Australia, Argentina emerge como proveedor estratégico para China, que absorbe casi el 95% de sus exportaciones del grano. Nuevas tecnologías genéticas y de procesamiento están resolviendo limitaciones biológicas históricas del sorgo, elevando su digestibilidad a niveles comparables con el maíz. Este cultivo, largo tiempo considerado secundario, se convierte en protagonista de un reordenamiento global impulsado tanto por el clima como por la innovación.