Cada vez que un viajero frecuente cruza el umbral de su hogar tras un viaje intenso, se enfrenta a un silencio que los psicólogos han comenzado a nombrar: el síndrome del regreso a casa. Es la brecha entre la persona que uno fue en movimiento y la que debe ser en la quietud de lo cotidiano, un duelo legítimo por una versión de uno mismo que pareció más viva. Reconocer este fenómeno no como debilidad sino como transición es, quizás, el primer acto de sabiduría que el viaje puede enseñarnos.
El síndrome del regreso: cómo sobrellevar la melancolía después de viajar
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