En el cruce entre el virtuosismo formal y la distancia emocional, Rodrigo Sorogoyen presenta El ser querido, un drama sobre el reencuentro imposible entre un director consagrado y la hija que abandonó hace trece años. La película, protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo, sostiene la atención durante más de dos horas con un lenguaje visual que no deja de experimentar. Y sin embargo, como ocurre a veces con las obras que priorizan la inteligencia sobre el pulso, el espectador sale del cine con admiración intacta y corazón intocado.
'El ser querido': maestría visual sin conexión emocional
Te mantiene abstraído, pero no te despierta
¿Por qué crees que una película tan bien hecha, tan controlada, no logra generar emoción?
Creo que Sorogoyen está tan concentrado en cómo contar la historia que olvida por qué debería importarnos. La maestría visual se convierte en un fin en sí mismo.
Pero Bardem está ahí, y es un actor capaz de transmitir cosas sin decir nada.
Exacto. Bardem es magnetismo puro. El problema no es la actuación. Es que la película no te deja respirar lo suficiente para sentir. Todo está tan perfectamente orquestado que parece frío.
¿Entonces es un problema del director o de la historia misma?
Ambos. La historia de un padre y una hija que se reencuentran después de años debería ser devastadora. Pero Sorogoyen la trata como un puzzle visual que resolver, no como un drama humano que vivir.
¿Merece la pena verla a pesar de eso?
Sí, pero con los ojos abiertos. Es una película que respetas mientras la ves y olvidas cuando sales del cine. Eso no es poco, pero tampoco es suficiente.
O Pulso
- Sorogoyen convoca a padre e hija tras trece años de silencio y construye en quince minutos de plano y contraplano una de las escenas de tensión más precisas del cine español reciente.
- Javier Bardem despliega un magnetismo que no da tregua: su personaje carga con el peso de una familia abandonada y una perfección profesional que se vuelve arma.
- Victoria Luengo encarna el abandono con una intensidad contenida y áspera que confirma su lugar entre las actrices más sólidas del panorama actual.
- La película genera respeto intelectual genuino, pero la emoción no llega: el espectador observa la maestría sin ser alcanzado por ella.
- El ser querido plantea una pregunta incómoda sobre el cine de autor: ¿puede la brillantez técnica sustituir a la conexión humana?
En el cruce entre el virtuosismo formal y la distancia emocional, Rodrigo Sorogoyen presenta El ser querido, un drama sobre el reencuentro imposible entre un director consagrado y la hija que abandonó hace trece años. La película, protagonizada por Javier Bardem y Victoria Luengo, sostiene la atención durante más de dos horas con un lenguaje visual que no deja de experimentar. Y sin embargo, como ocurre a veces con las obras que priorizan la inteligencia sobre el pulso, el espectador sale del cine con admiración intacta y corazón intocado.
Hay películas que atrapan sin dar calor. El ser querido, lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen, pertenece a esa categoría. El punto de partida es un reencuentro cargado de historia: un director de cine consagrado en Estados Unidos llama a su hija después de trece años de silencio para ofrecerle el papel protagonista de su próxima película, rodada en el Sahara. Un territorio que otros han explorado recientemente —la noruega Valor sentimental ganó el Oscar con premisas cercanas—, pero que Sorogoyen y sus guionistas transitan por caminos propios.
La escena inicial en el restaurante es un prodigio de contención: quince minutos donde el silencio acumulado pesa más que cualquier palabra, donde los secretos se ven sin nombrarse y las deudas emocionales flotan sobre la mesa. Sorogoyen vuelve a demostrar que cada película suya habla un idioma visual distinto. Su trayectoria es polarizadora —El reino y As bestas frente a Los años nuevos—, pero en este caso la capacidad de mantener al espectador atrapado funciona durante los ciento treinta y cinco minutos completos.
Javier Bardem es presencia pura: lo que dice, lo que calla, lo que oculta en cada gesto funciona con precisión de relojería. Victoria Luengo encarna a la hija con una intensidad áspera y contenida que ya mostró en Antidisturbios, aunque uno desearía verla alguna vez en territorio más ligero.
Y sin embargo, algo no llega. El dominio técnico es indiscutible, la inteligencia con que está construida cada escena es evidente, el respeto que genera la película es real. Pero la emoción no aparece. Se admira, se reconoce, se observa —y no se siente. El ser querido es una obra que merece verse y que confirma la envergadura del cine español, pero también recuerda que la técnica, por brillante que sea, no siempre alcanza donde más importa.
Hay películas que te mantienen pegado a la butaca sin que sepas muy bien por qué. El ser querido es una de ellas, aunque la razón de ese magnetismo no sea precisamente la calidez. Rodrigo Sorogoyen ha construido un drama sobre un reencuentro imposible: un director de cine consagrado en Estados Unidos convoca a su hija después de trece años de silencio para ofrecerle el papel protagónico de su próxima película, una historia que transcurre en el Sahara. Es un argumento que otros cineastas han explorado recientemente —la película noruega Valor sentimental toca territorio similar y ganó el Oscar a mejor película internacional—, pero Sorogoyen y sus guionistas Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen encontraron una vía propia para habitarlo.
Lo primero que sorprende es cómo resuelve ese encuentro inicial en el restaurante. Quince minutos de tensión pura, construidos en plano y contraplano, donde el silencio de trece años pesa más que cualquier diálogo. Ves los secretos sin que nadie los nombre. Ves las deudas emocionales, los recuerdos que saben a amargura, los intentos tímidos de acercamiento seguidos de retrocesos drásticos. El padre es un hombre que ha construido una nueva familia en América, que ha alcanzado el éxito profesional, pero que carga con las heridas que dejó atrás. La hija lleva el abandono en los ojos.
Sorogoyen es un director que nunca se conforma con la fórmula establecida. Cada película suya habla un lenguaje visual distinto, como si reinventara su oficio con cada proyecto. Eso genera reacciones polarizadas en quien lo ve: hay obras suyas que funcionan de maravilla, como El reino o As bestas, y otras que generan rechazo. Lo mismo ocurre con su trabajo en televisión. Antidisturbios es tan compleja como extraordinaria; Los años nuevos resulta insoportable. En El ser querido esa capacidad de mantener la atención funciona a pleno rendimiento. Durante ciento treinta y cinco minutos, el espectador permanece atrapado, observando cómo el rodaje se vuelve tormentoso, cómo afloran los aspectos más salvajes del director consagrado, cómo la búsqueda de la perfección cinematográfica se convierte en un arma que hiere.
Javier Bardem es magnetismo puro en la pantalla. Su presencia, su gestualidad, lo que expresa y lo que oculta, todo funciona con precisión de relojería. Es uno de esos intérpretes que no puedes dejar de mirar, aunque no diga nada. Victoria Luengo, que deslumbró en Antidisturbios, encarna a la hija con una intensidad áspera y contenida. Siempre le ofrecen papeles de sufrimiento introvertido, y lo hace extraordinariamente bien, aunque uno desearía verla en territorio más ligero, interpretando comedia.
Pero aquí está el dilema. Sorogoyen demuestra un dominio técnico indiscutible, una capacidad narrativa que no flaquea, un lenguaje visual que experimenta constantemente. El respeto que genera la película es genuino. Y sin embargo, algo falta. La emoción no llega. Ves la maestría, reconoces el talento, admiras la inteligencia con que está construida cada escena, pero no sientes. La película te mantiene abstraído, pero no te despierta. Es el precio de una ambición que prioriza la forma sobre el corazón, la experimentación sobre la conexión. El ser querido es una obra que merece ser vista, que demuestra que el cine español sigue produciendo directores de envergadura, pero también es un recordatorio de que la técnica, por brillante que sea, no siempre es suficiente para tocar al espectador donde más importa.
Citações Notáveis
Sorogoyen demuestra una capacidad para mantener la atención durante todo el metraje, experimentando con un lenguaje visual distinto para cada historia— crítica de la película
Javier Bardem es magnetismo puro, imposible desatenderse de su presencia y lo que expresa u oculta— crítica de la película