Mientras el mundo duerme, el cerebro lleva a cabo una de sus tareas más silenciosas y vitales: limpiar los residuos que el día deja atrás. Investigadores del MIT han hallado que ráfagas de ruido rosa —ese sonido que evoca la lluvia o el viento entre árboles— emitidas con precisión milimétrica durante el sueño profundo amplifican este proceso natural, impulsando el líquido cefalorraquídeo con mayor fuerza a través del tejido cerebral. En un momento en que enfermedades como el Alzheimer desafían a la medicina, este descubrimiento sugiere que la frontera entre el descanso y la terapia podría ser