Desde las páginas de El País, el caricaturista El Roto ofrece una vez más su lápiz como instrumento de diagnóstico político: en una viñeta publicada el 28 de septiembre de 2026, vuelve su mirada sobre la demagogia, ese arte antiguo de gobernar las emociones en lugar de los argumentos. La sátira gráfica, en manos de quien la practica con décadas de oficio, no pretende neutralidad sino precisión: nombrar lo que el discurso oficial prefiere dejar sin nombre.
El Roto: el demagogo
La viñeta comprime lo que tomaría párrafos explicar
¿Qué diferencia hay entre una viñeta de opinión y un artículo de opinión? ¿Por qué El Roto elige el dibujo en lugar de las palabras?
La viñeta comprime. Un artículo te lleva de la mano a través de un argumento. Una viñeta te golpea con una imagen y confía en que reconozcas la verdad en ella. El Roto trabaja en ese espacio de síntesis.
Pero eso también significa que una viñeta puede ser ambigua. Dos lectores pueden ver la misma imagen y extraer conclusiones completamente distintas. ¿Dónde está la precisión en eso?
Entonces, ¿por qué la demagogia? ¿Qué ve El Roto en la política actual que lo hace volver a ese tema?
La demagogia funciona apelando a emociones, simplificando problemas complejos, creando enemigos. Es una forma de construir poder que no depende de argumentos sino de resonancia emocional. Y eso está presente en la política contemporánea.
Pero el artículo no nos dice exactamente qué vio El Roto en su viñeta. No tenemos la imagen. Solo sabemos que dibujó algo sobre demagogia. ¿Cómo podemos evaluar si su crítica es justa si no vemos lo que criticó?
¿Tiene importancia que esto sea una viñeta y no un reportaje?
Completamente. Una viñeta no pretende ser exhaustiva ni neutral. Es un acto de posición. El autor está diciendo: esto es lo que veo, esto es lo que me preocupa. No hay pretensión de objetividad.
Lo cual es honesto, pero también significa que el lector necesita entender que está recibiendo una perspectiva, no un análisis equilibrado. La viñeta es una herramienta de crítica, no de investigación.
El Pulso
- La demagogia regresa al centro del debate público no como concepto histórico sino como práctica viva que El Roto detecta moviéndose en la política del presente.
- La viñeta comprime en una imagen lo que un ensayo tardaría páginas en argumentar, y esa economía de medios es también una forma de urgencia crítica.
- El autor toma posición sin disimularlo: frente a la simplificación emocional del discurso político, opone la simplificación visual de la sátira, que es otra cosa muy distinta.
- El humor gráfico alcanza a lectores que escapan al artículo de opinión, ampliando el perímetro de quienes pueden reconocer y cuestionar las prácticas que la viñeta señala.
- La ilustración se instala en el debate público como recordatorio de que existen formas de ver el poder más allá de los relatos que el propio poder construye sobre sí mismo.
Desde las páginas de El País, el caricaturista El Roto ofrece una vez más su lápiz como instrumento de diagnóstico político: en una viñeta publicada el 28 de septiembre de 2026, vuelve su mirada sobre la demagogia, ese arte antiguo de gobernar las emociones en lugar de los argumentos. La sátira gráfica, en manos de quien la practica con décadas de oficio, no pretende neutralidad sino precisión: nombrar lo que el discurso oficial prefiere dejar sin nombre.
El 28 de septiembre de 2026, El Roto entregó a los lectores de El País una viñeta sobre la demagogia, un tema que regresa con regularidad a su mesa de dibujo. No es un asunto abstracto para él: es algo que ve moverse en la política contemporánea, en la manera en que ciertos actores construyen autoridad mediante apelaciones emocionales, mediante la identificación de enemigos que expliquen la frustración colectiva, mediante la simplificación de lo que es genuinamente complejo.
Las viñetas de opinión no argumentan en párrafos ni citan fuentes. Comprimen una idea en una imagen y confían en que quien mira reconozca en esa compresión algo verdadero. El Roto trabaja en ese espacio desde hace décadas, interrogando el poder y la brecha entre lo que se dice y lo que se hace. Una caricatura no pretende objetividad: tiene intención, toma posición, habla desde una voz reconocible.
En el ecosistema del debate público, este tipo de ilustración cumple una función que ni el reportaje ni el artículo de opinión pueden reemplazar del todo. Llega en segundos adonde la prosa tardaría párrafos, y alcanza a lectores que no buscarían un ensayo. Lo que El Roto hace aquí es lo que ha hecho siempre: mantener viva la reflexión crítica sobre fenómenos que los propios actores políticos prefieren no nombrar con claridad.
El Roto, el caricaturista cuya obra ha poblado las páginas de El País durante décadas, entregó el 28 de septiembre de 2026 una viñeta que vuelve sobre un tema que regresa con regularidad a su mesa de dibujo: la demagogia como práctica política.
Las viñetas de opinión funcionan de manera distinta a otras formas de comentario. No argumentan en párrafos. No citan fuentes ni construyen cadenas de razonamiento que el lector pueda seguir paso a paso. En cambio, comprimen una idea en una imagen, frecuentemente con pocas palabras, y confían en que quien mira reconozca en esa compresión algo verdadero sobre el mundo.
El Roto trabaja en ese espacio. Su estilo satírico ha sido durante años una forma de interrogar el poder, las contradicciones de la vida pública, la brecha entre lo que se dice y lo que se hace. Cuando elige la demagogia como asunto, no está eligiendo un tema abstracto. Está señalando algo que ve moverse en el presente político: la manera en que ciertos actores construyen autoridad no mediante argumentos sino mediante apelaciones emocionales, mediante la simplificación de problemas complejos, mediante la identificación de enemigos internos o externos que expliquen la frustración de las personas.
La viñeta es un acto de opinión. Esto importa porque significa que no pretende ser neutral ni exhaustiva. El autor está tomando posición. Está diciendo algo sobre cómo funciona la política en este momento, y lo dice desde su perspectiva, con sus herramientas, en su voz. No hay pretensión de objetividad en una caricatura. Hay intención.
En el contexto más amplio del debate público, las ilustraciones de este tipo mantienen un papel particular. Mientras que los artículos de opinión desarrollan argumentos, mientras que los reportajes reúnen hechos, las viñetas funcionan como síntesis visual de una crítica. Pueden llegar a lectores que no leerían un ensayo de mil palabras. Pueden comunicar en segundos lo que tomaría párrafos explicar. Y pueden hacerlo con una precisión que a veces la prosa no alcanza.
Lo que El Roto ha hecho aquí es lo que ha hecho durante años: usar su lápiz para nombrar algo que ve en la política contemporánea, algo que le parece digno de cuestionamiento. La demagogia no es un fenómeno nuevo. Pero su presencia en el debate político actual, su efectividad, su capacidad para movilizar a públicos enteros, sigue siendo materia de reflexión crítica. Una viñeta como esta es una forma de mantener esa reflexión viva, de recordar que hay formas de ver y de nombrar lo que ocurre más allá de los discursos que los propios actores políticos construyen sobre sí mismos.
Citas Notables
Las ilustraciones y dibujos se consideran elementos de opinión y responden al criterio de sus autores— Criterio editorial de El País