El riesgo cardiovascular silencioso de la mujer: infradiagnosticado pero letal

Las complicaciones cardiovasculares durante embarazo afectan tanto a la madre como al feto, con riesgo aumentado de hipertensión y problemas cardiovasculares en los hijos años después.
El corazón femenino está infraestudiado, infrarreconocida e infradiagnosticado
Médicos internistas advierten sobre la falta de investigación y reconocimiento del riesgo cardiovascular específico en mujeres.
Mark

¿Por qué crees que la medicina ha tardado tanto en reconocer que el riesgo cardiovascular en mujeres es diferente?

Mimi

Porque durante siglos la investigación médica se construyó sobre cuerpos de hombres. Los ensayos clínicos incluyen a muy pocas mujeres. Si solo el 29 por ciento de los estudios sobre dislipemia las incluye, es lógico que los médicos no sepan cómo tratar a una mujer con colesterol alto.

Mark

Pero las mujeres tienen colesterol HDL más alto, ¿no las protege eso?

Mimi

Ese es precisamente uno de los mitos más peligrosos. Tener colesterol HDL elevado no las protege de infartos ni de accidentes cerebrovasculares. Es una falsa sensación de seguridad que puede retrasar el diagnóstico.

Mark

¿Qué hace que el embarazo sea tan peligroso para el corazón?

Mimi

El cuerpo de la mujer se transforma completamente. El corazón bombea más sangre, las arterias se relajan. Pero si la placenta no recibe suficiente riego sanguíneo, libera sustancias que dañan órganos vitales. Eso causa preeclampsia, hipertensión gestacional. Y el daño puede durar años después del parto.

Mark

¿Y los hijos? ¿Ellos también sufren las consecuencias?

Mimi

Sí. Si la madre tuvo complicaciones durante el embarazo, sus hijos tienen más riesgo de hipertensión y problemas cardiovasculares cuando crecen. Es un daño que atraviesa generaciones.

Mark

En la menopausia, ¿qué cambia exactamente?

Mimi

Los estrógenos caen. Con ellos se pierde toda la protección hormonal que la mujer tuvo durante décadas. Las arterias se endurecen, pierden elasticidad. Las placas de grasa se vuelven frágiles y pueden romperse de repente, causando un infarto.

Mark

¿Qué debería hacer una mujer ahora, sabiendo todo esto?

Mimi

Exigir que su médico le haga preguntas específicas sobre su historia reproductiva, sus síntomas emocionales, sus factores de riesgo únicos. No aceptar respuestas genéricas. El corazón femenino necesita atención personalizada, no protocolos diseñados para hombres.

  • Las mujeres mueren por causas cardiovasculares a una tasa 6% superior a la de los hombres
  • Solo el 29% de ensayos clínicos sobre dislipemia incluye mujeres; en cardiometabólica, el 26%
  • Entre el 5% y 10% de embarazos presentan riesgo cardiovascular aumentado
  • Complicaciones gestacionales como preeclampsia elevan riesgo de cardiopatía isquémica 5-10 años después
  • Los hijos de madres con complicaciones gestacionales tienen mayor prevalencia de hipertensión en edad joven

Las mujeres presentan 6% más muertes por causas cardiovasculares que hombres, diferencia que ha aumentado en menores de 55 años en los últimos años. Solo el 29% de ensayos clínicos sobre dislipemia incluye mujeres; factores únicos como complicaciones gestacionales y menopausia precoz elevan riesgo cardiovascular femenino.

Médicos internistas advierten que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en mujeres españolas, pero sigue siendo infraestudiada e infradiagnosticada, con especial riesgo durante embarazo y menopausia.

La enfermedad cardiovascular mata más mujeres en España que cualquier otra causa, y sin embargo sigue siendo una amenaza que la medicina apenas reconoce. Los médicos internistas lo dicen sin rodeos: el corazón femenino está infraestudiado, infrarreconocida e infradiagnosticado. Las mujeres mueren de infartos y accidentes cerebrovasculares a una tasa un 6 por ciento superior a la de los hombres, una brecha que se ha ensanchado en los últimos años entre las menores de 55 años. Pero el problema no es que las mujeres sean más débiles. Es que nadie las está mirando con atención.

La Sociedad Española de Medicina Interna señala un fallo fundamental en la investigación médica: solo el 29 por ciento de los ensayos clínicos sobre dislipemia incluye a mujeres. En estudios sobre enfermedades cardiometabólicas y diabetes, esa cifra cae al 26 por ciento. El resultado es un cuerpo de conocimiento construido sobre hombres, aplicado después a mujeres como si fueran versiones más pequeñas del mismo organismo. Persisten mitos que minimizan el riesgo: la creencia de que las mujeres están naturalmente protegidas por su fisiología, o que su colesterol HDL más elevado las mantiene a salvo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Nada de esto es cierto. La doctora María Dolores García de Lucas, especialista en diabetes y nutrición, reconoce que en su práctica diaria encuentra mujeres que tienen riesgo vascular y no lo saben. Por eso insiste en que los médicos deben interrogar a cada paciente sobre factores de riesgo específicos además de los clásicos, para poder hacer un diagnóstico personalizado.

Hay dos momentos en la vida de una mujer cuando su riesgo cardiovascular se iguala al de un hombre: el embarazo y la menopausia. Durante el embarazo, el cuerpo experimenta transformaciones profundas. El corazón bombea más sangre, las arterias se relajan por efecto hormonal para asumir la sobrecarga de nutrir al feto. Pero este proceso no siempre funciona bien. Entre las semanas 12 y 16 de gestación, cuando se forma la placenta, las arterias del útero pueden no aportar suficiente sangre. La placenta percibe esa carencia y libera sustancias de alarma en la sangre materna que dañan órganos como el hígado, los riñones y el cerebro. Así aparece la hipertensión gestacional, la preeclampsia. Se estima que entre el 5 y el 10 por ciento de los embarazos presentan riesgo cardiovascular aumentado, no solo por enfermedades previas como la hipertensión o la diabetes, sino también por tratamientos hormonales, fecundación in vitro y ovodonación.

Lo que ocurre durante el embarazo no termina cuando nace el bebé. El daño arterial puede persistir. La preeclampsia, la diabetes gestacional, el desprendimiento prematuro de la placenta: todas estas complicaciones se consideran ahora factores de riesgo emergentes para la salud cardiovascular futura de la mujer. Entre cinco y diez años después de haberlas sufrido, aumenta la probabilidad de desarrollar cardiopatía isquémica, enfermedad renal crónica, incluso demencia vascular. Y el daño no se limita a la madre. Los hijos de mujeres que sufrieron estas complicaciones tienen más prevalencia de hipertensión en edad joven y de problemas cardiovasculares comparados con la población general. Es un continuum cardiovascular maternofetal del que los médicos reconocen que queda mucho por aprender.

La menopausia presenta un riesgo diferente pero igualmente grave. Cuando cesa la menstruación, los estrógenos caen en picada. Con ellos se pierde la protección hormonal que ofrecían durante décadas. Los estrógenos mantenían la elasticidad de las arterias, permitían que el endotelio funcionara correctamente, estimulaban la producción de óxido nítrico necesario para que las arterias se dilataran. Sin ellos, las arterias se endurecen, pierden flexibilidad. Las placas de grasa acumuladas en las paredes arteriales se vuelven más frágiles y propensas a romperse, causando infartos repentinos. El perfil lipídico cambia: sube el colesterol LDL, suben los triglicéridos, baja el HDL. La grasa corporal se redistribuye hacia el abdomen, donde es más peligrosa. La presión arterial se vuelve más difícil de controlar.

Pero la menopausia es solo el escenario donde convergen múltiples factores de riesgo específicamente femeninos. El tabaco es más nocivo en mujeres que en hombres. La menopausia precoz, antes de los 45 años, aumenta el riesgo. La menarquia precoz, tener la primera menstruación antes de los once años, también. El síndrome de ovario poliquístico se vincula con alteraciones cardiometabólicas. Las enfermedades autoinmunes como el lupus y la artritis reumatoide, más frecuentes en mujeres, incrementan el riesgo vascular. El uso de anticonceptivos orales debe evaluarse cuidadosamente, especialmente cuando hay otros factores de riesgo como el tabaquismo o la hipertensión mal controlada.

La doctora García de Lucas subraya que existen factores únicos de la mujer que a menudo no se interrogan en consulta: diferencias hormonales, factores ligados a la reproducción, factores socioculturales y de género. La depresión y la ansiedad tienen mayor prevalencia en mujeres y pueden verse condicionadas por el papel prolongado de cuidadoras en el entorno familiar. El estrés sostenido y la carga emocional contribuyen a un peor control de otros factores de riesgo cardiovascular. Incluso ciertos tratamientos contra el cáncer de mama pueden afectar el sistema cardiovascular, un campo que ahora se conoce como cardiooncología. Todos estos elementos no actúan solos, sino que se retroalimentan, aumentando el riesgo de enfermedad vascular. Lo que se necesita es un cambio fundamental: médicos que interroguen a cada mujer sobre sus factores de riesgo específicos, que realicen cribados personalizados, que vigilen la presión arterial y las complicaciones gestacionales, que reconozcan que el corazón femenino no es un corazón masculino en miniatura, sino un órgano con sus propias vulnerabilidades y su propia historia.

Es fundamental interrogar a cada mujer sobre los factores de riesgo específicos además de los clásicos para tener suficiente información e investigar con certeza cómo influyen en el desarrollo de eventos vasculares
— Dra. María Dolores García de Lucas, especialista en Diabetes, Obesidad y Nutrición de la SEMI
Existen factores únicos de la mujer que a menudo no se interrogan en consulta como son las diferencias hormonales, los factores ligados a la reproducción, factores socioculturales y de género
— Dra. María Dolores García de Lucas
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