El PP retrocede décadas al adoptar un negacionismo climático incompatible con Europa

Conservar es un valor conservador
Argumento central de pensadores liberales españoles sobre por qué la derecha debe asumir la protección ambiental como propia.
Mark

¿Por qué importa tanto que Margaret Thatcher hablara de clima en 1989? Eso fue hace más de treinta años.

Mimi

Porque establece que el conservadurismo europeo tiene una tradición de tomar en serio la crisis ambiental. No es una invención reciente de la izquierda. Thatcher no era una extremista; era la líder conservadora más influyente de su época.

Mark

Pero el PP español está cuestionando si los humanos causan realmente el cambio climático. ¿Eso no es una posición legítima dentro del conservadurismo?

Mimi

No en 2026. Los conservadores europeos abandonaron esa posición hace décadas. El PP está retrocediendo a una forma de negacionismo que sus propios aliados políticos ya superaron. Es como si Alemania volviera a defender políticas económicas de los años treinta.

Mark

¿Entonces el problema es que el PP está fuera de sincronía con Europa?

Mimi

Es más que eso. El problema es que está fuera de sincronía con la realidad económica. Hay billones invertidos en transición energética, sectores enteros transformándose, y el PP dice que quizá los humanos no sean responsables del cambio. Es poco creíble.

Mark

¿Podría el PP simplemente tener un modelo diferente de transición, más lento?

Mimi

Podría. Pero eso no es lo que está diciendo. Está cuestionando la causa del problema, no solo la velocidad de la solución. Eso es diferente, y mucho más problemático.

  • La portavoz del PP, Ester Muñoz, sugirió que el cambio climático es un fenómeno histórico natural, reavivando una forma de negacionismo que el conservadurismo europeo abandonó hace décadas.
  • El partido firma acuerdos con Vox en comunidades autónomas que rechazan incluso la Agenda 2030, dejando al PP en una posición aislada dentro del Partido Popular Europeo.
  • Mientras la CDU alemana abraza el crecimiento sostenible y conservadores franceses hablan de 'ecología de progreso', el PP retrocede a una segunda etapa del negacionismo: aceptar el fenómeno pero negar su origen humano.
  • La transición energética ya ha movilizado inversiones masivas y transformado sectores productivos enteros, haciendo que el negacionismo resulte económica y políticamente inverosímil.
  • El PP podría reencuadrar su posición bajo el paraguas de la seguridad energética o el cuestionamiento de plazos —el llamado 'retardismo'—, pero cuestionar la causa humana del calentamiento lo sitúa fuera de la realidad de su entorno político.

Desde que Margaret Thatcher advirtió ante Naciones Unidas en 1989 sobre los gases de efecto invernadero, el conservadurismo europeo ha construido durante décadas una tradición propia de acción climática. El Partido Popular español, al cuestionar la responsabilidad humana en el cambio climático, no solo contradice la ciencia consolidada, sino que se aleja de su propia familia política en Europa. En un momento en que la transición ecológica ya transforma economías enteras, este retroceso plantea preguntas profundas sobre qué significa hoy conservar —el orden, el mercado, o también el mundo que los hace posibles.

En 1989, Margaret Thatcher advirtió ante la Asamblea General de Naciones Unidas que la humanidad estaba llenando la atmósfera de gases de efecto invernadero a un ritmo sin precedentes. La líder conservadora británica no solo diagnosticaba: proponía soluciones y fue decisiva en la creación del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático. Para Thatcher, los mercados libres eran un medio, no un fin, y sus resultados no podían causar más daño por contaminación que beneficio por producción.

Esta postura no fue una anomalía. Durante décadas, conservadores en Alemania, Reino Unido y Francia han integrado la acción climática en sus programas. La CDU proclama que crecimiento sostenible y protección del clima van de la mano; Valérie Pécresse defendía en 2022 una 'ecología de progreso'. Think tanks conservadores europeos, como Oikos, argumentan que conservar el entorno natural es un valor fundamentalmente de derechas: no se puede defender la vida ignorando el espacio donde esa vida existe.

En este contexto, resulta desconcertante el giro del Partido Popular español. Su portavoz Ester Muñoz declaró que el cambio climático es algo que ha ocurrido durante toda la historia de la humanidad, cuestionando implícitamente la responsabilidad humana. Los científicos identifican varias etapas del negacionismo: la primera niega el fenómeno; la segunda lo acepta pero niega su origen antropogénico —que es precisamente donde se sitúan esas palabras—. El pensamiento conservador europeo abandonó esa posición hace décadas, evolucionando hacia formas más sofisticadas de escepticismo sobre impactos o plazos.

El PP además firma acuerdos con Vox en comunidades autónomas que incorporan posiciones contrarias a la Agenda 2030, aislándolo dentro de su propia familia política europea. Con la transición ecológica ya en marcha, enormes inversiones realizadas y sectores enteros transformados, volver a cuestionar la causa humana del calentamiento no solo contradice la ciencia: contradice la realidad económica y política en la que opera el propio conservadurismo europeo.

Margaret Thatcher se dirigió a la Asamblea General de Naciones Unidas en 1989 con palabras que hoy parecerían salidas de la boca de un activista ambiental radical. Habló de cómo la humanidad estaba degradando las superficies terrestres, contaminando las aguas, llenando la atmósfera de gases de efecto invernadero a un ritmo sin precedentes. Calificó la amenaza ambiental como el desafío más evidente al que se enfrentaba la humanidad. La líder conservadora británica no solo diagnosticaba el problema: proponía soluciones, tanto nacionales como internacionales. Fue decisiva en la creación permanente del Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático, la institución que hoy sigue siendo la autoridad científica global en la materia. Thatcher defendía un crecimiento económico que no saqueara el planeta hoy dejando las consecuencias para mañana. Advertía que los mercados libres eran un medio, no un fin, y que sus resultados no podían causar más daño a través de la contaminación que beneficio a través de la producción.

Esta posición de Thatcher no fue una anomalía. Durante décadas, los conservadores en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos han asumido el desafío climático como propio, reivindicándolo en distintas esferas políticas. En los últimos años, think tanks y entidades de carácter liberal y conservador en toda Europa han estado reclamando un espacio propio en el debate ambiental. Oikos, un centro de pensamiento que busca desarrollar un discurso medioambiental dentro de los valores liberales y conservadores, acaba de publicar un libro titulado El ecologista de derechas, firmado por Toni Timoner y Luis Quiroga. Los autores argumentan que si se defiende la vida, no se puede dejar de lado el espacio donde esa vida existe: el planeta. Para ellos, conservar es un valor fundamentalmente conservador. Entienden la conservación del medio natural como una cuestión moral, vinculada a la idea de traspasar a las generaciones futuras no solo propiedad y valores, sino también un entorno natural intacto.

En el plano político, los principales partidos conservadores europeos han incorporado medidas de defensa climática en sus programas electorales desde 2021. La CDU alemana proclama que crecimiento sostenible y protección del clima van de la mano. La francesa Valérie Précresse hablaba en 2022 de una ecología de progreso y soluciones, rechazando explícitamente una ecología punitiva y antisocial. Estos conservadores europeos han desarrollado un modelo de transición ecológica que parte de premisas liberales, enfatizando el papel del mercado y la tecnología. No es decrecentista, ni coincide plenamente con la idea de transición justa que defienden las izquierdas, pero constituye un corpus coherente de pensamiento ambiental desde parámetros conservadores.

Es en este contexto donde resulta desconcertante el giro que ha dado el Partido Popular español. Su portavoz, Ester Muñoz, ha declarado que el cambio climático es algo que ha ocurrido durante toda la historia de la humanidad, cuestionando implícitamente si la acción humana es realmente responsable. Estas declaraciones representan un retroceso de décadas en el pensamiento conservador. Los científicos han identificado varias etapas del negacionismo climático. La primera negaba directamente la existencia del cambio climático. La segunda ya no lo negaba pero cuestionaba que fuera causado por los humanos, que es precisamente donde se sitúan las palabras de Muñoz. Hace décadas que el pensamiento conservador europeo abandonó esa posición. El negacionismo evolucionó hacia una tercera forma que acepta tanto la existencia del calentamiento como su origen antropogénico, pero duda de sus impactos. Hoy existe una cuarta variante llamada retardismo, que no niega nada de lo anterior pero cuestiona qué medidas tomar, su eficacia, o el momento para tomarlas. Según esta lógica, siempre habrá una guerra, una pandemia o una crisis económica que justifique posponer la acción climática.

El PP español está firmando acuerdos con Vox en las comunidades autónomas que incorporan estas posiciones negacionistas, incluso contrarias a la Agenda 2030 que 193 países firmaron en Naciones Unidas. Esto coloca al partido español en una posición aislada dentro de su propia familia política europea. La transición ecológica ya está en marcha. Sectores productivos enteros están transformándose. Ha habido una revolución en el ámbito energético. Se han invertido enormes cantidades de dinero. El planeta ya siente sin remedio los efectos de la crisis climática. En este contexto, resulta poco creíble que el PP vuelva a un negacionismo arcaico. Es posible que el partido tenga su propio modelo de transición, o que busque dilatar cambios y plazos, como está ocurriendo en las políticas de la Unión Europea bajo presión de la ultraderecha. Incluso podría reencuadrar el cambio energético que antes defendía bajo el paraguas de la seguridad en lugar de la sostenibilidad. Pero retroceder a cuestionar la causa humana del cambio climático es alejarse de la realidad económica y política en la que opera su propia familia política conservadora.

Lo que estamos haciendo ahora en el mundo, degradando las superficies terrestres, contaminando las aguas y añadiendo gases de efecto invernadero a la atmósfera a un ritmo sin precedentes es algo nuevo en la experiencia de la Tierra
— Margaret Thatcher, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, 1989
El clima cambia es algo que ha ocurrido durante la historia de la humanidad y de la Tierra, eso es de perogrullo; ahora bien, ¿cómo actúa el ser humano frente a las cosas que cambian?
— Ester Muñoz, portavoz del PP español
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