Desde tiempos inmemoriales, los eclipses lunares han detenido a la humanidad bajo el cielo abierto, convocando tanto al asombro como a la pregunta. En La Plata, la noche del jueves 28 de agosto de 2026, la Luna de Sangre volvió a cumplir ese oficio ancestral: el Planetario de la Universidad Nacional abrió sus puertas y cientos de platenses —familias, curiosos, aficionados— se reunieron en el Bosque para contemplar juntos cómo el satélite se teñía de rojo. En un tiempo en que la atención escasea, el cielo logró lo que pocas cosas consiguen: que la gente se quedara despierta hasta las tres de la