El petróleo: la verdadera droga que busca Trump en Venezuela

La masacre del Caracazo resultó en muertes de civiles indignados por políticas de austeridad impuestas según exigencias del FMI.
Estados Unidos actúa con el hambre insaciable de un adicto
La conclusión del análisis sobre cómo Washington ha perseguido el control del petróleo venezolano durante más de un siglo.
Mark

¿Por qué importa esta historia ahora, en 2025? ¿Qué tiene que ver la intervención de hace cien años con lo que Trump está haciendo hoy?

Mimi

Porque los patrones no cambian. Desde 1902, cada vez que un presidente venezolano ha intentado controlar sus propios recursos petroleros, Washington ha encontrado un pretexto para intervenir. Primero fueron bloqueos navales, luego golpes de Estado, después sanciones por narcotráfico. El mecanismo cambia, pero el objetivo es siempre el mismo: asegurar que el petróleo fluya hacia intereses estadounidenses.

Luke

Pero hay que ser precisos aquí. El texto documenta bien la intervención en 2002 y las sanciones de 2005. Lo de los agentes encubiertos de la DEA viene de un reportaje de Associated Press, así que eso está verificado. Pero cuando el autor dice que Trump busca petróleo, eso es interpretación, no hechos confirmados. ¿Qué ha dicho Trump específicamente sobre Venezuela y el petróleo?

Mimi

Tienes razón en eso. El texto es más un análisis histórico que una noticia de actualidad. Lo que sí está claro es que hay un patrón: cada administración estadounidense, sin importar el partido, ha priorizado el control de recursos sobre la democracia en Venezuela.

Mark

¿Y por qué funciona este patrón? ¿Por qué Venezuela no puede simplemente nacionalizar su petróleo y punto?

Mimi

Porque Venezuela es económicamente dependiente de las exportaciones petroleras, y Estados Unidos controla el acceso a los mercados globales. Las sanciones pueden asfixiar una economía. Además, hay élites locales que se benefician de la relación con Washington. El golpe de 2002 fue liderado por la patronal venezolana, no por invasores estadounidenses.

Luke

Ese es un punto importante. El texto muestra que hay actores venezolanos involucrados en estos golpes, no solo presión externa. La masacre del Caracazo fue ordenada por un presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez. Eso no disculpa a Estados Unidos, pero complica la narrativa de invasión pura.

Mimi

Completamente. Pero el apoyo estadounidense a esos golpes y dictaduras es lo que los hace posibles. Sin el reconocimiento de Truman al golpe de 1948, sin Eisenhower agasajando a Pérez Jiménez, sin la CIA en 2002, esos eventos habrían tenido consecuencias muy diferentes.

Mark

Entonces, ¿cuál es la pregunta que debería hacerme como lector?

Mimi

Pregúntate por qué se nos enseña la historia de la Doctrina Monroe como un acto de protección, cuando en realidad fue la justificación para que Estados Unidos se arrogara el derecho a intervenir en los asuntos internos de otros países.

Luke

Y pregúntate también qué está pasando en Venezuela ahora mismo que no aparece en este texto. Este es un análisis histórico brillante, pero no nos dice cuál es la situación actual, qué opciones tiene Venezuela, o cuáles son los costos reales de las sanciones para la población civil.

  • Cada intento venezolano de aumentar las regalías petroleras o revisar contratos con multinacionales desencadenó una respuesta estadounidense inmediata, desde el despliegue de buques de guerra hasta el respaldo abierto a golpistas.
  • El Caracazo —masacre de civiles que protestaban contra ajustes dictados por el FMI— reveló el coste humano de una soberanía económica subordinada a intereses externos, y sembró la rabia que llevaría a Chávez al poder.
  • En 2002, Washington reconoció el golpe contra Chávez como una 'transición civil' apenas horas después de que fuera derrocado, exponiendo la distancia entre el discurso democrático y la política real.
  • Cuando el golpe fracasó, Estados Unidos recurrió a las sanciones bajo el pretexto del narcotráfico, y años después se descubrió que agentes encubiertos de la DEA habían sido infiltrados en Venezuela para fabricar casos contra dirigentes chavistas.
  • El patrón se mantiene intacto: el lenguaje cambia —de la Doctrina Monroe al Consenso de Washington, del anticomunismo a la guerra contra las drogas— pero el interés que lo mueve sigue siendo el mismo barril de petróleo.

Durante más de un siglo, Venezuela ha sido escenario de una tensión irresuelta entre soberanía y apetito imperial: cada vez que un gobierno venezolano intentó controlar sus propios recursos petroleros, Washington respondió con golpes respaldados, sanciones o pretextos fabricados. Lo que se presentó como defensa de la democracia o lucha contra el narcotráfico fue, en su raíz más profunda, la voluntad de mantener el acceso al subsuelo venezolano. La historia de esa relación es la historia de cómo el petróleo convierte a las naciones en territorios administrados desde lejos.

El Palacio de Miraflores lleva más de un siglo en pie en Caracas, pero la pregunta de quién gobierna realmente desde allí exige mirar más allá de sus muros. La historia comienza en 1902, cuando Theodore Roosevelt aprovechó un bloqueo europeo a Venezuela para proclamar el derecho de tutela de Estados Unidos sobre América Latina. El patrón quedó fijado desde entonces: cada vez que un gobierno venezolano amenazaba los intereses petroleros, Washington encontraba la manera de corregirlo.

Cuando el presidente Cipriano Castro viajó a Europa, Juan Vicente Gómez tomó el poder con el respaldo implícito de Washington, que desplegó barcos de guerra para proteger la transición. Décadas después, la victoria electoral de Rómulo Gallegos fue interrumpida por otro golpe que Harry Truman reconoció sin demora. El dictador Marcos Pérez Jiménez recibió la Legión al Mérito de manos de Eisenhower. La democracia era bienvenida solo cuando no tocaba los contratos petroleros.

El Pacto de Punto Fijo instauró un bipartidismo que duró décadas, sostenido por rentas del petróleo y corroído por la corrupción. Cuando los precios cayeron, el presidente Carlos Andrés Pérez aplicó los recortes exigidos por el FMI. La respuesta popular fue el Caracazo: una masacre de civiles que dejó claro hasta dónde llegaba el coste de esas políticas. Sin ese episodio, el ascenso de Hugo Chávez es incomprensible.

Chávez intentó endurecer las regalías y revisar los contratos con las multinacionales. En 2002, un golpe lo sacó del palacio durante dos días. La Casa Blanca anunció que había 'dimitido' y el Departamento de Estado lo culpó de haber provocado su propio derrocamiento. Cuando el golpe fracasó, llegaron las sanciones, justificadas con acusaciones de narcotráfico. Años más tarde, una investigación de The Associated Press reveló que agentes encubiertos de la DEA habían sido infiltrados en Venezuela para construir esos casos. La sustancia que Washington persigue en Venezuela nunca fue la cocaína: fue siempre el petróleo.

El Palacio de Miraflores se alza en la Avenida Urdaneta de Caracas con sus tejas rojas y balaustradas blancas intactas desde principios del siglo XX, cuando fue mansión presidencial. Pero la arquitectura europea que conserva no cuenta la verdadera historia de quién ha gobernado realmente desde allí durante más de cien años. Esa historia comienza en 1902, cuando una alianza de acreedores europeos bloqueó los puertos venezolanos bajo el presidente Cipriano Castro. Theodore Roosevelt medió en el conflicto, pero no por generosidad: aprovechó el momento para introducir un corolario a la Doctrina Monroe que se reservaba a Estados Unidos el derecho de tutela sobre toda América Latina. Pocos años después, Woodrow Wilson invadiría Veracruz en México para blindar sus intereses petroleros en Tampico. El patrón estaba establecido.

Cuando Castro viajó a Europa, un nuevo presidente ocupó el Palacio de Miraflores. El golpe militar que lo derrocó fue encabezado por Juan Vicente Gómez, quien recibió los parabienes del presidente William Howard Taft. Washington desplegó sus barcos de guerra para asegurar que los detractores del golpe no interrumpieran el negocio. La New York & Bermúdez Company fue agraciada con los derechos de explotación del lago Guanoco. Gómez murió con honores absolutistas, pero las primeras elecciones libres que vinieron después trajeron un resultado que Washington no esperaba: la victoria de Rómulo Gallegos. Fue tan inoportuno que el militar Carlos Delgado Chalbaud encabezó otro golpe de Estado. Harry S. Truman reconoció la nueva junta con cordialidad. A Estados Unidos no le agradaban las obligaciones fiscales que el Gobierno había impuesto a las compañías petroleras.

Esta pauta se repetiría durante décadas. Cuando Marcos Pérez Jiménez gobernó como dictador en los años cincuenta, Estados Unidos aparcó cualquier escrúpulo democrático para abrazar su régimen. Dwight Eisenhower agasajó al sátrapa con la Legión al Mérito. Las urnas se reabrieron a finales de los cincuenta con el Pacto de Punto Fijo, un acuerdo entre tres grandes partidos que se repartieron el juego democrático en nombre del consenso, excluyendo al Partido Comunista de Venezuela. Richard Nixon aterrizó en Caracas para bendecir el nuevo orden, pero las multitudes apedrearon a la delegación estadounidense. Los vidrios templados del vehículo de Nixon se hicieron mil añicos. Eisenhower movilizó un portaaviones, ocho destructores y dos buques de asalto por si las moscas.

El régimen salido de Punto Fijo fue un largo período bipartidista enfangado por la corrupción, consolidado por las rentas petroleras que alimentaban las tramas clientelares. Cuando los precios del petróleo cayeron, el colapso se aceleró. El Consenso de Washington puso el ojo en Venezuela. El presidente Carlos Andrés Pérez, siguiendo las exigencias del FMI, recortó todo lo recortable. Los militares dispararon a muerte contra las muchedumbres indignadas en lo que se conocería como el Caracazo. No puede explicarse el ascenso de Hugo Chávez sin haber comprendido antes las ansias de cambio que trajo esa masacre.

Cuando Chávez llegó al poder, intentó endurecer las regalías petroleras, promover el aumento de los precios del barril y revisar los contratos de las multinacionales extranjeras. En 2002, el presidente de la patronal venezolana lideró una insurrección armada que sacó a Chávez del Palacio de Miraflores durante dos días. Ari Fleischer ofreció una rueda de prensa en nombre de la Casa Blanca anunciando que Chávez había "dimitido" para dar lugar a un "gobierno civil de transición". Philip T. Reeker, del Departamento de Estado, culpó a Chávez de haber provocado el golpe. A Washington no le supo bien que el presidente endureciera las regalías ni que revisara los contratos de las multinacionales extranjeras. Cuando el golpe no cuajó, hubo que recurrir a las sanciones.

El pretexto que Estados Unidos interpuso en 2005 para anunciar sus primeros castigos contra Venezuela fue el narcotráfico. Chávez había prohibido que los agentes de la DEA camparan a sus anchas por el país porque sospechaba que llevaban a cabo tareas de espionaje, así que Washington lo acusó de tolerar el comercio de estupefacientes. El año pasado, The Associated Press descubrió que Estados Unidos había instalado agentes encubiertos de la DEA en Venezuela para construir casos de narcotráfico contra los dirigentes chavistas. La droga que busca Trump en Venezuela no es la cocaína ni la heroína. Es el petróleo. Y hace muchos años que Estados Unidos actúa con el hambre insaciable de un adicto.

Chávez había prohibido que los agentes de la DEA camparan a sus anchas por el país porque sospechaba que llevaban a cabo tareas de espionaje, así que Washington lo acusó de tolerar el comercio de estupefacientes
— Análisis del pretexto utilizado por Estados Unidos en 2005
A Washington no le supo bien que el presidente endureciera las regalías, promoviera el aumento de los precios del barril y revisara los contratos de las multinacionales extranjeras
— Contexto de las acciones de Chávez que provocaron la reacción estadounidense
Quer a matéria completa? Leia o original em Público ↗
Fale Conosco FAQ